Escuchar "Vida y Muerte"
Síntesis del Episodio
Primer episodio de la segunda temporada. En este caso un reflexión sobre la vida y la muerte.
Transcripción
En un rincón tranquilo del universo, la Vida y la Muerte se encontraron para conversar. La Vida, vibrante y llena de colores, miró a la Muerte, serena y vestida de sombras, y le preguntó:
“¿Por qué te temen, querida Muerte? ¿No ven que eres el descanso que sigue a mi danza?”
La Muerte sonrió suavemente y respondió: “Me temen porque soy el final desconocido, el silencio después de tu canción. Pero tú y yo sabemos que somos dos caras de la misma moneda.”
La Vida asintió y dijo: “Sin ti, no habría aprecio por los momentos efímeros, ni deseo de crecer y florecer. Eres el contraste que da profundidad a mi existencia.”
“Y sin ti,” continuó la Muerte, “no habría lugar para el nuevo comienzo, ni paz para los cansados. Juntas, damos sentido al ciclo eterno.”
La Vida, con su manto de infinitos tonos, se inclinó hacia la Muerte y susurró: “Dime, hermana oscura, ¿qué lecciones puedes enseñar a los seres que solo me conocen a mí?”
La Muerte, con una mirada tan profunda como el vacío entre las estrellas, respondió: “Les enseño que cada final es un acto de amor, un último suspiro que da paso a la renovación. En mi abrazo, los dolores se calman y las cargas se liberan.”
La Vida reflexionó sobre estas palabras y luego dijo: “Es cierto, y mientras yo exista, llevaré esos suspiros y los transformaré en risas de niños, en el florecer de las flores y en el cálido abrazo del sol.”
“Y yo”, continuó la Muerte, “recogeré las hojas caídas, las estrellas fugaces y los sueños cumplidos para tejer con ellos el manto de la noche, bajo el cual todo puede descansar.”
La Muerte confesó con voz tenue y cansada,
“Vida, hermana de luz, soy la sombra olvidada.
En el final de tus días, soy yo quien aparece,
Y en ese último aliento, el amor parece desvanecerse.
Soy el susurro en la noche que nadie quiere oír,
El inevitable destino que todos quieren huir.
Aunque traigo el descanso, me ven como la oscuridad,
Y en su miedo a lo incierto, pierden la serenidad.”
La Vida, con su abrazo cálido y eterno, replicó en verso,
“Oh, querida Muerte, no eres maldición, sino universo.
Eres el final de un capítulo, pero no de la historia,
Cada alma que tocas, la envuelves en memoria.
No estás sola en tu danza, ni en tu silente tarea,
Pues en cada despedida, mi esencia aún ondea.
Eres la promesa de paz cuando la jornada termina,
Y en el corazón de la vida, tu presencia se anida.”
Entonces, la Vida tomó de la mano a la Muerte y juntas danzaron, creando un espectáculo de luces y sombras, de encuentros y despedidas, recordando a todos que no hay vida sin muerte, ni muerte sin vida.
Transcripción
En un rincón tranquilo del universo, la Vida y la Muerte se encontraron para conversar. La Vida, vibrante y llena de colores, miró a la Muerte, serena y vestida de sombras, y le preguntó:
“¿Por qué te temen, querida Muerte? ¿No ven que eres el descanso que sigue a mi danza?”
La Muerte sonrió suavemente y respondió: “Me temen porque soy el final desconocido, el silencio después de tu canción. Pero tú y yo sabemos que somos dos caras de la misma moneda.”
La Vida asintió y dijo: “Sin ti, no habría aprecio por los momentos efímeros, ni deseo de crecer y florecer. Eres el contraste que da profundidad a mi existencia.”
“Y sin ti,” continuó la Muerte, “no habría lugar para el nuevo comienzo, ni paz para los cansados. Juntas, damos sentido al ciclo eterno.”
La Vida, con su manto de infinitos tonos, se inclinó hacia la Muerte y susurró: “Dime, hermana oscura, ¿qué lecciones puedes enseñar a los seres que solo me conocen a mí?”
La Muerte, con una mirada tan profunda como el vacío entre las estrellas, respondió: “Les enseño que cada final es un acto de amor, un último suspiro que da paso a la renovación. En mi abrazo, los dolores se calman y las cargas se liberan.”
La Vida reflexionó sobre estas palabras y luego dijo: “Es cierto, y mientras yo exista, llevaré esos suspiros y los transformaré en risas de niños, en el florecer de las flores y en el cálido abrazo del sol.”
“Y yo”, continuó la Muerte, “recogeré las hojas caídas, las estrellas fugaces y los sueños cumplidos para tejer con ellos el manto de la noche, bajo el cual todo puede descansar.”
La Muerte confesó con voz tenue y cansada,
“Vida, hermana de luz, soy la sombra olvidada.
En el final de tus días, soy yo quien aparece,
Y en ese último aliento, el amor parece desvanecerse.
Soy el susurro en la noche que nadie quiere oír,
El inevitable destino que todos quieren huir.
Aunque traigo el descanso, me ven como la oscuridad,
Y en su miedo a lo incierto, pierden la serenidad.”
La Vida, con su abrazo cálido y eterno, replicó en verso,
“Oh, querida Muerte, no eres maldición, sino universo.
Eres el final de un capítulo, pero no de la historia,
Cada alma que tocas, la envuelves en memoria.
No estás sola en tu danza, ni en tu silente tarea,
Pues en cada despedida, mi esencia aún ondea.
Eres la promesa de paz cuando la jornada termina,
Y en el corazón de la vida, tu presencia se anida.”
Entonces, la Vida tomó de la mano a la Muerte y juntas danzaron, creando un espectáculo de luces y sombras, de encuentros y despedidas, recordando a todos que no hay vida sin muerte, ni muerte sin vida.
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