Escuchar "Mis Sombras"
Síntesis del Episodio
En este infinito mundo, soy una sombra errante, un ente etéreo que deambula
sin rumbo ni propósito. Mi existencia es un eco sordo en el abismo de la nada,
un susurro perdido en el viento. Aun cuando el sol brilla y la vida bulle a mi
alrededor, no encuentro mi lugar, no hallo sentido en los días que se suceden
sin cesar.
Soy un pobre alma que vaga por las calles, invisible a los ojos de los demás. Mi
ser, aunque capaz de sentir, está sumido en un vacío insondable. No hay alegría
ni tristeza, solo una indiferencia abrumadora que me envuelve como un manto
pesado. Cada paso que doy es un recordatorio de mi insignificancia, de mi
incapacidad para conectar con el mundo que me rodea.
La gente pasa a mi lado, inmersa en sus propias vidas, sin percatarse de mi
presencia. Soy un espectro, una figura borrosa en el paisaje urbano. Mis
pensamientos son densos y oscuros, como un mar de tinta que se extiende sin
fin. No hay luz que ilumine mi camino, solo sombras que se alargan y se
entrelazan, creando un laberinto del que no puedo escapar.
En mi interior, el vacío resuena con una fuerza ensordecedora. Es un abismo
que consume todo a su paso, dejando solo un rastro de desolación. No hay
esperanza, no hay sueños, solo una existencia monótona y sin sentido. Soy un
náufrago en un océano de indiferencia, un ser que flota a la deriva, sin un puerto
al que llegar.
Así transcurren mis días, en una danza perpetua con la nada. Soy un testigo
mudo de la vida, un observador distante que no puede participar en el festín de
la existencia. Mi alma, aunque viva, está atrapada en un limbo de apatía y
desarraigo. Y así, continúo mi camino, una sombra entre sombras, un ente
etéreo que se desvanece en la inmensidad del mundo.
Soy aquella sombra que aún viendo nada ve. Aquella sombra que aún oyendo
nada oye, la que aún entendiendo nada entiende, la que aún sintiendo nada
siente.
Soy la nada, el dolor ya no duele, la alegría ya no es tal, al igual que la tristeza,
ambas son la misma cara de la misma moneda. Estoy aquí sin estar, vivo sin
vivir. Todas las hojas que piso al caminar secas están.
No puedo llorar, no puedo reír. Observo mi interior y sólo veo sombras, sombras
de sueños incumplidos, sombras de ilusiones rotas. En este purgatorio
constante a veces me pregunto ¿Por qué nadie lo ve?
Porque no emana sangre de la herida
Porque el muerto camina de pie.
sin rumbo ni propósito. Mi existencia es un eco sordo en el abismo de la nada,
un susurro perdido en el viento. Aun cuando el sol brilla y la vida bulle a mi
alrededor, no encuentro mi lugar, no hallo sentido en los días que se suceden
sin cesar.
Soy un pobre alma que vaga por las calles, invisible a los ojos de los demás. Mi
ser, aunque capaz de sentir, está sumido en un vacío insondable. No hay alegría
ni tristeza, solo una indiferencia abrumadora que me envuelve como un manto
pesado. Cada paso que doy es un recordatorio de mi insignificancia, de mi
incapacidad para conectar con el mundo que me rodea.
La gente pasa a mi lado, inmersa en sus propias vidas, sin percatarse de mi
presencia. Soy un espectro, una figura borrosa en el paisaje urbano. Mis
pensamientos son densos y oscuros, como un mar de tinta que se extiende sin
fin. No hay luz que ilumine mi camino, solo sombras que se alargan y se
entrelazan, creando un laberinto del que no puedo escapar.
En mi interior, el vacío resuena con una fuerza ensordecedora. Es un abismo
que consume todo a su paso, dejando solo un rastro de desolación. No hay
esperanza, no hay sueños, solo una existencia monótona y sin sentido. Soy un
náufrago en un océano de indiferencia, un ser que flota a la deriva, sin un puerto
al que llegar.
Así transcurren mis días, en una danza perpetua con la nada. Soy un testigo
mudo de la vida, un observador distante que no puede participar en el festín de
la existencia. Mi alma, aunque viva, está atrapada en un limbo de apatía y
desarraigo. Y así, continúo mi camino, una sombra entre sombras, un ente
etéreo que se desvanece en la inmensidad del mundo.
Soy aquella sombra que aún viendo nada ve. Aquella sombra que aún oyendo
nada oye, la que aún entendiendo nada entiende, la que aún sintiendo nada
siente.
Soy la nada, el dolor ya no duele, la alegría ya no es tal, al igual que la tristeza,
ambas son la misma cara de la misma moneda. Estoy aquí sin estar, vivo sin
vivir. Todas las hojas que piso al caminar secas están.
No puedo llorar, no puedo reír. Observo mi interior y sólo veo sombras, sombras
de sueños incumplidos, sombras de ilusiones rotas. En este purgatorio
constante a veces me pregunto ¿Por qué nadie lo ve?
Porque no emana sangre de la herida
Porque el muerto camina de pie.
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