Y oí una voz del cielo que decía: «Escribe: Dichosos de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor.» «Sí —dice el Espíritu—, para que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan.»
En su contexto
11El humo de su tormento sube por los siglos de los siglos, y no tienen descanso ni de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni quien reciba la marca de su nombre.» 12Aquí se ve la constancia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. 13Y oí una voz del cielo que decía: «Escribe: Dichosos de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor.» «Sí —dice el Espíritu—, para que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan.» 14Miré, y apareció una nube blanca, y sobre la nube estaba sentado alguien semejante a un hijo de hombre, con una corona de oro en la cabeza y una hoz afilada en la mano. 15Y otro ángel salió del templo, clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: «Mete tu hoz y siega, porque ha llegado la hora de segar, pues la mies de la tierra está madura.»