En su contexto
10él también beberá del vino del furor de Dios, vertido sin mezcla en la copa de su ira, y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y delante del Cordero. 11El humo de su tormento sube por los siglos de los siglos, y no tienen descanso ni de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni quien reciba la marca de su nombre.» 12Aquí se ve la constancia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. 13Y oí una voz del cielo que decía: «Escribe: Dichosos de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor.» «Sí —dice el Espíritu—, para que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan.» 14Miré, y apareció una nube blanca, y sobre la nube estaba sentado alguien semejante a un hijo de hombre, con una corona de oro en la cabeza y una hoz afilada en la mano.
