Escuchar "Santa María, Madre de Dios"
Síntesis del Episodio
Abrimos el último Día de la Octava de Navidad, y
primero de 2026, con la Solemnidad de Santa María Madre de Dios. Es
la mejor forma de empezar el nuevo año. María, llena de Gracia,
acoge al Salvador y se prepara de la mejor manera posible para hacer
germinar la Redención de la humanidad. En los momentos previos al Nacimiento de Jesús, el Ángel la saluda así, mientras Isabel la
llama bendita entre todas las mujeres como bendito es el fruto de su
vientre. Es dichosa porque ha creído que lo que el ha dicho el Señor
se cumplirá. Su marcha de Nazareth a Belén cuando está a punto de
dar a luz, la presentación de Cristo en el Templo y su purificación,
así como la huida a Egipto cuando Herodes busca al Niño para
matarle, o el hallazgo de Jesús con doce años en el Templo de
Jerusalén entre los Doctores, conforman el cuidado maternal de una
Madre. Pero esta preocupación está también unida al sentimiento
del Señor en Caná de Galilea, en las bodas, donde Ella pide a los
sirvientes cuando falta el vino, que hagan lo que su Hijo les diga.
Pero, sobre todo, se muestra más unida que nadie al Árbol de la
Cruz donde Dios consuma su Obra Redentora, rescatando al género
humano del pecado que le había esclavizado al poder del maligno. Y
como primera y fiel discípula, acoge el encargo de ser Madre de la
humanidad redimida, permaneciendo en el Cenáculo con el Colegio
Apostólico, a la espera del Espíritu Santo, impulsor de la Iglesia.
María, que sostiene en su regazo al Recién Nacido como hemos
contemplado durante toda la Octava, y seguiremos viendo hasta que
termine la Navidad, es también nuestra Abogada ante el Padre del
Cielo.
primero de 2026, con la Solemnidad de Santa María Madre de Dios. Es
la mejor forma de empezar el nuevo año. María, llena de Gracia,
acoge al Salvador y se prepara de la mejor manera posible para hacer
germinar la Redención de la humanidad. En los momentos previos al Nacimiento de Jesús, el Ángel la saluda así, mientras Isabel la
llama bendita entre todas las mujeres como bendito es el fruto de su
vientre. Es dichosa porque ha creído que lo que el ha dicho el Señor
se cumplirá. Su marcha de Nazareth a Belén cuando está a punto de
dar a luz, la presentación de Cristo en el Templo y su purificación,
así como la huida a Egipto cuando Herodes busca al Niño para
matarle, o el hallazgo de Jesús con doce años en el Templo de
Jerusalén entre los Doctores, conforman el cuidado maternal de una
Madre. Pero esta preocupación está también unida al sentimiento
del Señor en Caná de Galilea, en las bodas, donde Ella pide a los
sirvientes cuando falta el vino, que hagan lo que su Hijo les diga.
Pero, sobre todo, se muestra más unida que nadie al Árbol de la
Cruz donde Dios consuma su Obra Redentora, rescatando al género
humano del pecado que le había esclavizado al poder del maligno. Y
como primera y fiel discípula, acoge el encargo de ser Madre de la
humanidad redimida, permaneciendo en el Cenáculo con el Colegio
Apostólico, a la espera del Espíritu Santo, impulsor de la Iglesia.
María, que sostiene en su regazo al Recién Nacido como hemos
contemplado durante toda la Octava, y seguiremos viendo hasta que
termine la Navidad, es también nuestra Abogada ante el Padre del
Cielo.
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