42 Mirando el mundo

18/01/2016 14 min
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Síntesis del Episodio

Hoy vamos a recordar un nuevo aniversario de un hecho patrio, largamente olvidado. Las relaciones entre la Confederación Argentina, que presidía Juan Manuel de Rosas, y la banca británica no eran buenas por la resistencia a pagar el escandaloso empréstito que había contraído Bernardino Rivadavia en 1824 con la Baring Brothers. Esta es sólo una de las causas del bloqueo anglo-francés de 1845, cuyo verdadero propósito era navegar libremente los ríos Paraná y Uruguay para comerciar sin interferencias con las provincias interiores. La letra del triunfo que canta Alberto Merlo, en homenaje a este acontecimiento, comienza: «Noventa buques mercantes, veinte de guerra», son mercantes porque transportan mercancías, y es una buena síntesis de lo que se intentaba: venderlas por las buenas o por las malas.
El imperio británico deseaba expandir sus mercados, teniendo a su favor la novedad de barcos de guerra acorazados, equipados con torretas giratorias de artillería. Por tal razón estaban convencidos de que la sola presencia de las imponentes naves, su modernísimo armamento y su aguerrida tropa de veteranos, bastaría para vencer a los patriotas, como ya lo habían hecho en China. En el Río de la Plata se vio por vez primera esta demostración de poderío militar.
Pacho O’Donnell, escritor e historiador, escribe sobre la magnitud de los hechos:
El combate de la “Vuelta de Obligado” es, junto al Cruce de los Andes, una de las dos mayores epopeyas de nuestra Patria. Una gesta victoriosa en defensa de nuestra soberanía que puso a prueba exitosamente el coraje y el patriotismo de argentinas y argentinos. Este triunfo fue silenciado por la historiografía liberal escrita por la oligarquía porteña, antipopular y europeizante.
Rosas decidió hacerles frente, para lo cual encargó al general Lucio N. Mansilla conducir la defensa. Su estrategia se basó en el siguiente diagnóstico: 1) Era imposible vencer militarmente a los invasores en su intención de remontar el río Paraná. 2) El propósito de los invasores era vender la enorme carga de mercancías. 3) Era, entonces, necesario encontrar un lugar del Paraná donde fuera posible dificultar el paso de los 22 barcos de guerra.

La batalla
El 20 de noviembre de 1845 se libró la batalla de la Vuelta de Obligado (San Pedro, Prov. de Bs. As.). La defensa argentina presentó tres enormes cadenas que atravesaban los 700 metros del Río Paraná de costa a costa, colocadas sobre 24 barcazas, de las cuales diez contenían explosivos.
La flota invasora estaba equipada con 418 cañones de 24 y 36 libras, forjados en hierro, y de rápida recarga, disparaban cohetes y granadas de acción retardada (las primeras bombas-proyectiles de fragmentación antipersonales). Con una fuerza de combate de 3.880 soldados.
La defensa tenía seis barcos mercantes y 60 viejos cañones de escaso calibre que les habían capturado a los ingleses en las invasiones de 1806/07. En las trincheras había 2.000 hombres, la mayor parte gauchos asignados a la caballería, al mando del coronel Ramón Rodríguez. En el río estaba estacionado un único buque de guerra que tenía la misión cuidar las cadenas que cruzaban el río.
Ante la inminencia del ataque el General Mansilla arengó a sus hombres diciendo:
¡Allá la tenéis! Considerad el insulto que hacen a la soberanía de nuestra Patria al navegar, sin más título que la fuerza, las aguas de un río que corre por el territorio de nuestro País. ¡Pero no lo conseguirán impunemente!
Tras varias horas de combate, fuerzas de infantería — principalmente francesas — desembarcaron en la costa capturando 21 cañones. Pero cuando las fuerzas desembarcadas pretendieron sostener su posición, fueron atacadas por la caballería, que las obligó a reembarcarse.
Finalmente, los atacantes consiguieron forzar el paso y continuar su navegación hacia el norte. Ha comenzado a caer la defensa de Obligado, luego de casi doce horas de intenso combate. Las fuerzas patriotas se retiran rumbo a San Nicolás con el fin de reorganizarse.
Las fuerzas defensoras tuvieron 250 muertos y 400 heridos, entre ellos muy gravemente su comandante Mansilla. Los agresores tuvieron 26 muertos y 86 heridos pero sufrieron grandes averías en sus naves que obligaron a la escuadra a permanecer casi inmóvil en distintos puntos del Delta del Paraná, para reparaciones de urgencia.
En su recorrido remontando el Paraná la flota fue nuevamente atacada, tanto de ida como de regreso. En este último combate, en particular, la flota invasora perdió 6 buques mercantes y 2 de sus buques de guerra sufrieron averías de importancia. La población civil apoyó firmemente la acción militar de las fuerzas de Mansilla y Rosas había dispuesto que se retirase el ganado a varios kilómetros hacia adentro de la costa para privar al enemigo de comida.
Navega durante tres meses por el Paraná hasta que, finalmente, la escuadra invasora maltrecha, con su tripulación hambrienta,  a fines de junio, retorna al puerto de Montevideo. Habían pasado 8 meses desde el intento de desembarco y su viaje fue improductivo comercialmente.
La estrategia de Rosas y Mansilla tuvo éxito y las grandes potencias finalmente se vieron obligadas a capitular el 28 de julio de 1846 aceptando las condiciones impuestas por la Argentina:
1) Cesarían las hostilidades 2) Se levantaría el bloqueo, devolviéndose la isla Martín García y los buques apresados; 3) El pabellón argentino sería desagraviado con 21 cañonazos por ambas escuadras agresoras; 4) Se reconoce la soberanía argentina sobre los ríos Paraná y Uruguay.
El General San Martín desde Francia envió una carta a Rosas (11-1-1846), en la que le decía:
Por la injustísima agresión y abuso de la fuerza de la Inglaterra y de la Francia contra nuestro país... dono a Ud. el sable, que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América de Sur, le será entregado como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarnos.
El Brigadier Rosas le responde:
Usted nos ha dejado el ejemplo de lo que vale la decisión de defender a la Patria, y no he hecho más que imitarlo. Todos mis esfuerzos siempre serán dirigidos a resolver las diferencias existentes con los poderes interventores de un modo tal que, nuestra honra y la independencia de estos países, como de la América toda, queden enteramente salvos e incólumes.

La Vuelta de Obligado
Letra de Alfredo Zitarrosa
«Noventa buques mercantes, veinte de guerra,/ vienen topando arriba las aguas nuestras./ Veinte de guerra vienen con sus banderas./ La pucha con los ingleses, quién los pudiera./ Qué los parió los gringos una gran siete;/ navegar tantos mares, venirse al cuete, qué digo venirse al cuete».