Escuchar "37 Mirando el mundo"
Síntesis del Episodio
Ya quedó dicho que el tal descubrimiento fue pensado por muchos americanistas como un encubrimiento. Y esto no debe tomarse como un simple juego de palabras, encubrir es ocultar la verdad sobre lo que sucedió. Ejemplo de este dispositivo discriminatorio lo podemos encontrar a comienzos del siglo XIX en uno de los filósofos más importantes de Europa, el alemán Georg W. F. Hegel (1770-1831). En una de sus obras Lecciones sobre la filosofía de la historia universal (1830), plantea sus exigencias para considerar a un pueblo como perteneciente a la historia, equivale a decir, como digno de estar junto a los civilizados. Leámoslo:
Lo único propio y digno de la consideración filosófica es recoger la historia allí donde la racionalidad empieza a aparecer en la existencia terrestre… La existencia inorgánica del espíritu, la brutalidad... feroz o blanda, ignorante de la libertad, esto es del bien y del mal y, por tanto, de las leyes, no es objeto de la historia... Los pueblos pueden llevar una larga vida sin Estado, antes de alcanzar esta determinación. Y pueden lograr sin Estado un importante desarrollo, en ciertas direcciones. Esta prehistoria cae empero fuera de nuestro fin.
Si el lenguaje es un tanto oscuro, se puede traducir simplemente diciendo: no todos los pueblos que han existido tienen la dignidad suficiente para ser considerados parte de la Historia, junto a los pueblos superiores. Algunos son nada más que una parte de la naturaleza: es decir sólo una especie más de animales.
Si preguntamos por qué sólo algunos pueblos son merecedores de esa clasificación y otros no, encontramos una respuesta en otro filósofo alemán, Edmund Husserl (1859-1938), quien lo definió de este modo:
Europa entendida no geográficamente o cartográficamente, como si se pretendiera circunscribir el ámbito de los hombres que conviven aquí territorialmente en calidad de humanidad europea. En el sentido espiritual pertenecen manifiestamente también a Europa los Dominios Británicos, los Estados Unidos, etc., pero no los esquimales ni los indios de las exposiciones de las ferias ni los gitanos que vagabundean permanentemente por Europa. Con el título de Europa trátase evidentemente aquí de la unidad de un vivir, obrar, crear espirituales: con todos los fines, intereses, preocupaciones y esfuerzos, con los objetivos, las instituciones, las organizaciones.
Ahora creo que queda más claro. Podemos definirlo de otro modo, un tanto más irónico pero no carente de verdad: «Sólo los blancos, rubios, altos, de ojos celestes». Los hombres de América – entiéndase bien de la del Río bravo hacia el sur? no dan el tipo por lo tanto no entran en la historia.
Debemos agregar aquí que no debemos olvidar que la historia de estas tierras la contaron los conquistadores, hombres civilizados, que hablaron de nosotros analizando cómo son y se comportan los bárbaros. [Se puede consultar mi trabajo: Civilizados y bárbaros en http://ricardovicentelopez.com.ar/wp-content/uploads/2015/03/Civilizados-y-b%C3%A1rbaros.pdf, para un análisis más detallado]
América es un territorio que ha sido muy poco estudiado y pensado desde él, salvo honrosas excepciones, por lo tanto la historia está contada desde afuera de él. Al hablar de territorio no se debe olvidar ese concepto de Husserl de no pensarlo geográficamente ni cartográficamente, sino espiritualmente sabiendo que el espíritu es exclusividad de los blancos.
El filósofo español José Ortega y Gasset (1883-1955) comenta la afirmación de Hegel:
Pero la paradoja no radica en que Hegel elimine a América del cuerpo propiamente histórico, sino que, no pudiendo colocarla ni en el presente ni en el pasado propiamente tal, tiene que alojarla en la prehistoria... un tiempo es prehistórico no porque ignoremos lo que en él pasó, sino, al revés, porque en él no pasó nunca nada, sino que pasó siempre lo mismo, y el pasado, en vez de pasar, se repitió pertinazmente.
Entre las excepciones recién mencionadas podemos leer al Doctor Enrique Dussel, filósofo argentino, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien propone una puntualización:
Hablaremos de Latino-américa por dos motivos. Primeramente, por cuanto América del Norte (la anglosajona y canadiense francesa) es otro “mundo”… En segundo lugar, porque hispano o íberoamérica existió hasta el siglo XVIII… mientras que, el proceso de universalización y secularización del siglo XIX, se constituyó esencialmente por el aporte francés –en lo cultural-, y anglosajón –en lo técnico-. Desde ese momento el mundo “español” es ya marginal en América latina... es esa totalidad humana, esa comunidad de los hombres que habitan desde California al Cabo de Hornos, cuyo mundo se ha ido progresivamente constituyendo a partir del fundamento racial y cultural del hombre pre-hispánico, pero radicalmente desquiciado por el impacto del mundo hispánico del siglo XVI.
Otra de las excepciones es el sacerdote jesuita español, filósofo y teólogo Ignacio, Ellacuría (1930-1989) - fue asesinado por para-militares de El Salvador. Fue Rector de la Universidad Centro Americana de ese país. En una conferencia sobre el Quinto centenario sostuvo:
Pero en América Latina la verdad es que el quinto centenario, en cuanto tal, no le interesa prácticamente a nadie. Y ello, a mi modo de ver, es lo mejor que puede suceder. El problema es que desde fuera nos va a llegar toda una cascada de escritos, celebraciones y programas. Y, ante tal situación, nosotros vamos a tener que tomar partido, vamos a tener que apuntarnos a las voces capaces de comprender críticamente este asunto. Naturalmente intentaremos que nuestra crítica no se produzca de forma destructiva, pero lo que no vamos a poder tolerar es que se repita, ahora conmemorativamente, la misma historia de los conquistadores.
Afirmaba que lo primero que había sucedido es que el «conquistador» o dominador se puso al descubierto. Por lo tanto, lo que se descubrió en América fue la verdad de lo que era España, la realidad de la cultura occidental que priorizaba el oro y también cuáles eran las alianzas de la Iglesia en ese momento. Continúa:
Ellos se pusieron al descubierto, se desnudaron sin darse cuenta, porque lo que hicieron respecto a la otra parte fue «encubrirla» no «descubrirla». En realidad es el Tercer Mundo quién descubre al primer mundo en sus aspectos negativos y en sus aspectos más reales.
La voluntad de dominio, de saqueo de riquezas, de sometimiento a los nativos, quedaron expuestos para los ojos que estuvieran dispuestos a ver. Lamentablemente esos ojos se demoraron mucho en hacerse cargo de la verdad de lo que había sucedido y siguió sucediendo. El discurso académico fue cómplice de ese encubrimiento de las intenciones y rapacerías de los civilizados. Todavía hoy, en colegios y universidades, se sigue enseñando la maravilla de la cultura superior de las naciones noratlánticas, y los medios de información concentrados acompañan ese discurso.
Lo único propio y digno de la consideración filosófica es recoger la historia allí donde la racionalidad empieza a aparecer en la existencia terrestre… La existencia inorgánica del espíritu, la brutalidad... feroz o blanda, ignorante de la libertad, esto es del bien y del mal y, por tanto, de las leyes, no es objeto de la historia... Los pueblos pueden llevar una larga vida sin Estado, antes de alcanzar esta determinación. Y pueden lograr sin Estado un importante desarrollo, en ciertas direcciones. Esta prehistoria cae empero fuera de nuestro fin.
Si el lenguaje es un tanto oscuro, se puede traducir simplemente diciendo: no todos los pueblos que han existido tienen la dignidad suficiente para ser considerados parte de la Historia, junto a los pueblos superiores. Algunos son nada más que una parte de la naturaleza: es decir sólo una especie más de animales.
Si preguntamos por qué sólo algunos pueblos son merecedores de esa clasificación y otros no, encontramos una respuesta en otro filósofo alemán, Edmund Husserl (1859-1938), quien lo definió de este modo:
Europa entendida no geográficamente o cartográficamente, como si se pretendiera circunscribir el ámbito de los hombres que conviven aquí territorialmente en calidad de humanidad europea. En el sentido espiritual pertenecen manifiestamente también a Europa los Dominios Británicos, los Estados Unidos, etc., pero no los esquimales ni los indios de las exposiciones de las ferias ni los gitanos que vagabundean permanentemente por Europa. Con el título de Europa trátase evidentemente aquí de la unidad de un vivir, obrar, crear espirituales: con todos los fines, intereses, preocupaciones y esfuerzos, con los objetivos, las instituciones, las organizaciones.
Ahora creo que queda más claro. Podemos definirlo de otro modo, un tanto más irónico pero no carente de verdad: «Sólo los blancos, rubios, altos, de ojos celestes». Los hombres de América – entiéndase bien de la del Río bravo hacia el sur? no dan el tipo por lo tanto no entran en la historia.
Debemos agregar aquí que no debemos olvidar que la historia de estas tierras la contaron los conquistadores, hombres civilizados, que hablaron de nosotros analizando cómo son y se comportan los bárbaros. [Se puede consultar mi trabajo: Civilizados y bárbaros en http://ricardovicentelopez.com.ar/wp-content/uploads/2015/03/Civilizados-y-b%C3%A1rbaros.pdf, para un análisis más detallado]
América es un territorio que ha sido muy poco estudiado y pensado desde él, salvo honrosas excepciones, por lo tanto la historia está contada desde afuera de él. Al hablar de territorio no se debe olvidar ese concepto de Husserl de no pensarlo geográficamente ni cartográficamente, sino espiritualmente sabiendo que el espíritu es exclusividad de los blancos.
El filósofo español José Ortega y Gasset (1883-1955) comenta la afirmación de Hegel:
Pero la paradoja no radica en que Hegel elimine a América del cuerpo propiamente histórico, sino que, no pudiendo colocarla ni en el presente ni en el pasado propiamente tal, tiene que alojarla en la prehistoria... un tiempo es prehistórico no porque ignoremos lo que en él pasó, sino, al revés, porque en él no pasó nunca nada, sino que pasó siempre lo mismo, y el pasado, en vez de pasar, se repitió pertinazmente.
Entre las excepciones recién mencionadas podemos leer al Doctor Enrique Dussel, filósofo argentino, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien propone una puntualización:
Hablaremos de Latino-américa por dos motivos. Primeramente, por cuanto América del Norte (la anglosajona y canadiense francesa) es otro “mundo”… En segundo lugar, porque hispano o íberoamérica existió hasta el siglo XVIII… mientras que, el proceso de universalización y secularización del siglo XIX, se constituyó esencialmente por el aporte francés –en lo cultural-, y anglosajón –en lo técnico-. Desde ese momento el mundo “español” es ya marginal en América latina... es esa totalidad humana, esa comunidad de los hombres que habitan desde California al Cabo de Hornos, cuyo mundo se ha ido progresivamente constituyendo a partir del fundamento racial y cultural del hombre pre-hispánico, pero radicalmente desquiciado por el impacto del mundo hispánico del siglo XVI.
Otra de las excepciones es el sacerdote jesuita español, filósofo y teólogo Ignacio, Ellacuría (1930-1989) - fue asesinado por para-militares de El Salvador. Fue Rector de la Universidad Centro Americana de ese país. En una conferencia sobre el Quinto centenario sostuvo:
Pero en América Latina la verdad es que el quinto centenario, en cuanto tal, no le interesa prácticamente a nadie. Y ello, a mi modo de ver, es lo mejor que puede suceder. El problema es que desde fuera nos va a llegar toda una cascada de escritos, celebraciones y programas. Y, ante tal situación, nosotros vamos a tener que tomar partido, vamos a tener que apuntarnos a las voces capaces de comprender críticamente este asunto. Naturalmente intentaremos que nuestra crítica no se produzca de forma destructiva, pero lo que no vamos a poder tolerar es que se repita, ahora conmemorativamente, la misma historia de los conquistadores.
Afirmaba que lo primero que había sucedido es que el «conquistador» o dominador se puso al descubierto. Por lo tanto, lo que se descubrió en América fue la verdad de lo que era España, la realidad de la cultura occidental que priorizaba el oro y también cuáles eran las alianzas de la Iglesia en ese momento. Continúa:
Ellos se pusieron al descubierto, se desnudaron sin darse cuenta, porque lo que hicieron respecto a la otra parte fue «encubrirla» no «descubrirla». En realidad es el Tercer Mundo quién descubre al primer mundo en sus aspectos negativos y en sus aspectos más reales.
La voluntad de dominio, de saqueo de riquezas, de sometimiento a los nativos, quedaron expuestos para los ojos que estuvieran dispuestos a ver. Lamentablemente esos ojos se demoraron mucho en hacerse cargo de la verdad de lo que había sucedido y siguió sucediendo. El discurso académico fue cómplice de ese encubrimiento de las intenciones y rapacerías de los civilizados. Todavía hoy, en colegios y universidades, se sigue enseñando la maravilla de la cultura superior de las naciones noratlánticas, y los medios de información concentrados acompañan ese discurso.
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