Escuchar "'El Son es lo más sublime para el alma divertir'"
Síntesis del Episodio
En 1932 la "Lecuona Cuban Boys" comenzó a pasear la música popular cubana por infinidad de escenarios. Sin embargo, desde el debut, el genio de Guanabacoa le cedió a otro gran músico la batuta y el teclado blanco y negro.
Durante largos años, rebautizada después como "Havana Cuban Boys", Armando Oréfiche le entregó alma, corazón y vida a esta formidable agrupación.
Entre las voces que identificaron a esta veterana formación recordaremos al italiano Alberto Rabagliati, reclutado por el pianista durante una de sus incesantes temporadas europeas.
El suave estilo de Rabagliati, convertido rápidamente en otra exitosa carta de triunfo de la "Lecuona Cuban Boys", tuvo a su cargo mucho repertorio.
Del eterno drama del emigrante en la música popular cubana, "Dime adiós", pieza que vio la luz durante la dictadura Machadista, es otra de las hermosas creaciones que nos legara Armando Oréfiche.
En la Europa de aquellos años, sobre todo en París, fue considerada como la orquesta show por excelencia. A su vistoso, colorido y teatral despliegue escénico se sumaban las atmósferas que Oréfiche lograba con sus arreglos orquestales.
El 8 de mayo, sin penas ni glorias, se celebró el "Día del Son". Quién le diría a estos musicos cubanos, hoy polvo sus huesos, almas libres antes y ahora, que su Son está en entredicho y que ciertas instituciones de alcance mundial como la Unesco, junto a la indiferencia cómplice de las instituciones de la Cultura en Cuba y algunos músicos en la isla, autodenominándose "salseros", continúan borrando ese legado, contribuyendo a la validación de expedientes emitidos por otros países donde aseguran que el Son les pertenece, ajenos a su verdadero orígen, vinculado al incesante y bronco trasiego de trovadores y soneros de un extremo a otro de la isla de Cuba desde tiempos inmemoriales.
Cuba, entre la alegría y el dolor, siempre regalando al mundo música y músicos. Desde las oscuras rejas de las cárceles, los barrios marginales, los fastuosos salones, resonante entre la marinería salpicada de ron y salitre, los puertos y los infinitos y anónimos bares.
Las lejanas voces de estos soneros nos recuerdan el eterno oficio del músico popular cubano que -sin quererlo- ha ido escribiendo en el aire de los tiempos su historia. El son cubano existe, a pesar de todo, en el pulso de una nación entera, dispersa como sus memorias.
Margarita Lecuona, notable pianista y compositora, recorrió el espectro genérico de la música popular cubana logrando piezas de gran belleza como "Babalú", "Eclipse", "Por eso no debes" y "Tabú ".
Miguelito Valdés con la jazz band "Casino de la playa"; la cancionera Elizabeth del Río con la orquesta de Humberto Suárez; Toty Lavernia con Candito Ruiz al piano; Pérez Prado y su orquesta, y Doris de la Torre con "Los Armónicos" de Felipe Dulzaides, nos recuerdan hoy sus obras.
La formidable orquesta de Machito y sus Afrocubans fue, desde los primeros años 40, el instrumento perfecto del que se valió el gran Mario Bauzá para dejar en el pentagrama su concepto en pro de la fusión de la música popular cubana con el jazz norteamericano.
Radicado en los Estados Unidos desde que cumplió su mayoría de edad, hacia 1926, Bauzá por más de sesenta años y a través de sus arreglos, cristalizó una base estilistica que hasta el sol de hoy, identifica el quehacer de nuevas generaciones de músicos en todo el mundo.
Hasta sus últimos días insistió en llamar a su creación: Jazz Afrocubano, base inequívoca de lo que es hoy conocido como "Latin Jazz".
"Ahora sí estamos jodidos", sentenció el maestro cuando desde Cuba le hicieron llegar un programa bautizado con el nombre de "Mi Salsa".
Durante largos años, rebautizada después como "Havana Cuban Boys", Armando Oréfiche le entregó alma, corazón y vida a esta formidable agrupación.
Entre las voces que identificaron a esta veterana formación recordaremos al italiano Alberto Rabagliati, reclutado por el pianista durante una de sus incesantes temporadas europeas.
El suave estilo de Rabagliati, convertido rápidamente en otra exitosa carta de triunfo de la "Lecuona Cuban Boys", tuvo a su cargo mucho repertorio.
Del eterno drama del emigrante en la música popular cubana, "Dime adiós", pieza que vio la luz durante la dictadura Machadista, es otra de las hermosas creaciones que nos legara Armando Oréfiche.
En la Europa de aquellos años, sobre todo en París, fue considerada como la orquesta show por excelencia. A su vistoso, colorido y teatral despliegue escénico se sumaban las atmósferas que Oréfiche lograba con sus arreglos orquestales.
El 8 de mayo, sin penas ni glorias, se celebró el "Día del Son". Quién le diría a estos musicos cubanos, hoy polvo sus huesos, almas libres antes y ahora, que su Son está en entredicho y que ciertas instituciones de alcance mundial como la Unesco, junto a la indiferencia cómplice de las instituciones de la Cultura en Cuba y algunos músicos en la isla, autodenominándose "salseros", continúan borrando ese legado, contribuyendo a la validación de expedientes emitidos por otros países donde aseguran que el Son les pertenece, ajenos a su verdadero orígen, vinculado al incesante y bronco trasiego de trovadores y soneros de un extremo a otro de la isla de Cuba desde tiempos inmemoriales.
Cuba, entre la alegría y el dolor, siempre regalando al mundo música y músicos. Desde las oscuras rejas de las cárceles, los barrios marginales, los fastuosos salones, resonante entre la marinería salpicada de ron y salitre, los puertos y los infinitos y anónimos bares.
Las lejanas voces de estos soneros nos recuerdan el eterno oficio del músico popular cubano que -sin quererlo- ha ido escribiendo en el aire de los tiempos su historia. El son cubano existe, a pesar de todo, en el pulso de una nación entera, dispersa como sus memorias.
Margarita Lecuona, notable pianista y compositora, recorrió el espectro genérico de la música popular cubana logrando piezas de gran belleza como "Babalú", "Eclipse", "Por eso no debes" y "Tabú ".
Miguelito Valdés con la jazz band "Casino de la playa"; la cancionera Elizabeth del Río con la orquesta de Humberto Suárez; Toty Lavernia con Candito Ruiz al piano; Pérez Prado y su orquesta, y Doris de la Torre con "Los Armónicos" de Felipe Dulzaides, nos recuerdan hoy sus obras.
La formidable orquesta de Machito y sus Afrocubans fue, desde los primeros años 40, el instrumento perfecto del que se valió el gran Mario Bauzá para dejar en el pentagrama su concepto en pro de la fusión de la música popular cubana con el jazz norteamericano.
Radicado en los Estados Unidos desde que cumplió su mayoría de edad, hacia 1926, Bauzá por más de sesenta años y a través de sus arreglos, cristalizó una base estilistica que hasta el sol de hoy, identifica el quehacer de nuevas generaciones de músicos en todo el mundo.
Hasta sus últimos días insistió en llamar a su creación: Jazz Afrocubano, base inequívoca de lo que es hoy conocido como "Latin Jazz".
"Ahora sí estamos jodidos", sentenció el maestro cuando desde Cuba le hicieron llegar un programa bautizado con el nombre de "Mi Salsa".
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