Sus ojos eran como llama de fuego, y sobre su cabeza tenía muchas diademas; llevaba escrito un nombre que nadie conoce sino él mismo.
En su contexto
10Y me postré a sus pies para adorarlo, pero él me dijo: «¡Cuidado! No lo hagas. Yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos, los que mantienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios, porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.» 11Vi el cielo abierto, y apareció un caballo blanco. El que lo montaba se llama Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y hace la guerra. 12Sus ojos eran como llama de fuego, y sobre su cabeza tenía muchas diademas; llevaba escrito un nombre que nadie conoce sino él mismo. 13Iba vestido de un manto empapado en sangre, y su nombre es «el Verbo de Dios». 14Los ejércitos del cielo lo seguían, montados en caballos blancos, vestidos de lino fino, blanco y puro.