Viernes, 5 de Marzo de 2021

04/03/2021 5 min
Viernes, 5 de Marzo de 2021

Escuchar "Viernes, 5 de Marzo de 2021"

Síntesis del Episodio

Lucas 16, 19-31
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: -«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Le contestaron: -«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.» Y Jesús les dice: -«¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.» Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.


¿Estoy a tiempo?

Hola Jesús, soy Cefalón. He estado antes contigo en la discusión a la salida del templo. No sé si me reconoces, soy uno de los fariseos que te ha escuchado.

Te voy a explicar un poco mi situación, a ver si me entiendes. Soy de aquí, de Jerusalén. Nací a unas pocas calles del Templo, y en casa siempre se nos ha educado a todos en las escrituras. Puedo recitarte de memoria casi cualquier pasaje, y suelo ser el de las respuestitas, no el que pide ayuda. Conozco a los profetas y conozco a Dios, pues conozco sus palabras. Vamos, que he sido yo el que ha llegado tan lejos.

Y... Perdón, pero me cuesta mucho comprenderte. Parece que te hubieras empeñado en abolir la ley. Comes con publicanos, curas en sábado, no respetas el ayuno, te acercas a gente impura... ¿Qué te pasa? Lo que más me sorprende es que conoces las escrituras, como ya has demostrado tantas veces. No sé, lo pones muy difícil.

Pero hoy, cuando explicabas lo de la viña, me has roto. Me he imaginado a Dios regalándonos una tierra que cultivar y esperando recibir sus frutos. Lo he entendido rápido. Luego nos has hablado de siervos y criados que son rechazados y asesinados, pero no he querido identificarme con el asesino.

Y cuando has dicho lo del hijo... Que el viñador envía a su hijo... Que Dios envía a su propio hijo... Me he quedado seco. No ha hecho falta razonar. No he querido meditar ni contrastar. He comprendido que eras Tú. Esto no ha venido de mí. Lo que sí he podido hacer es parar y aceptarlo. Has podido con mi yo, Jesús. Me he derrumbado. Y, después de esto, pues caigo rendido ante semejante abajamiento. Doblo la rodilla ante al que ha querido ser esclavo. Me dejo cautivar por el que se deja humillar.

Solo una pregunta ¿Estoy a tiempo de dejarte reinar? Porque quiero dar la vida por ti.