Escuchar "Domingo, 11 de junio de 2023 "
Síntesis del Episodio
JUAN 6, 51-58
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»
Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»
Un trozo de pan
¿Cómo puede este darnos de comer su carne?
¿Pan de vida eterna?
¿Nos resucitará en el último día?
No entiendo nada.
Pero aquí, con vosotros, junto al fuego, la conversación de hoy con ese Jesús, me ha dado que pensar.
Lo que tengo claro, es que quiero vivir así.
Recuerda su mirada, el brillo de sus ojos.
No tengo duda de que lo que dice ese hombre es Verdad.
No comprendo bien los términos con los que habla, pero quiero llevarlo a cabo.
Esa luz, esa sinceridad, algo hay en Él que me atrae. Quiero ir con Él a ese Cielo.
¿Qué tengo que hacer?
¿Qué puedo empezar a hacer?
Quiero buscar ese pan de Vida eterna del que habla.
Pero…¿Donde está?
Vivo tantas veces angustiado, corriendo. Mirándome las sandalias llenas de polvo, perdiéndome tantas sonrisas, tantas miradas.
Me agobio por tonterías, por lo que comeré y beberé mañana, por lo que me ha dicho tal persona, por lo que piensan de mi en el pueblo, por la cosecha.
Y cada vez que paro un momento, encuentro esa “paz” que vivo buscando. Pero no es La Paz que veo en ese hombre, si no una especie de tranquilidad momentánea. Y esa tranquilidad no me alimenta, no me tranquiliza.
¡Quiero vivir como Él!
¡Ya está!
Quiero ser esa luz, que mis palabras, que mis gestos reflejen esa autenticidad, esa sincera Verdad de llevo dentro.
¡Quiero levantar la cabeza!
Mis sandalias están bien, ya les limpiaré el polvo. Pero tal vez mi mujer, mis hijos, mi vecina, no están bien, y necesitan de mi mirada, de mi sonrisa.
Estoy perdiendo tantas oportunidades….
Tantas oportunidades de iluminar un rostro, de dar un buen abrazo, de soltar unas buenas carcajadas, de respirar aire fresco, de maravillarme con el viento soplando sobre las hojas, de asombrarme con la tempestad del lago rugiendo contra las piedras de la costa.
¡Hay tanto que miraaar!
¡Hay tanto que contemplar!
¡Hay taaaaanta Vida!
Y está aquí delante, solo tengo que levantar la cabeza.
Y para esto, para vivir así, este hombre me ofrece simplemente ¿un trozo de Pan?
Pues me apunto, quiero tomar de ese Pan.
Quiero habitar en Él y que Él habite en mi, y así poder crear juntos grandes locuras, poder iluminar juntos tantas almas.
Lo tengo claro.
Voy a tomar de este Pan cada día de mi vida.
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»
Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»
Un trozo de pan
¿Cómo puede este darnos de comer su carne?
¿Pan de vida eterna?
¿Nos resucitará en el último día?
No entiendo nada.
Pero aquí, con vosotros, junto al fuego, la conversación de hoy con ese Jesús, me ha dado que pensar.
Lo que tengo claro, es que quiero vivir así.
Recuerda su mirada, el brillo de sus ojos.
No tengo duda de que lo que dice ese hombre es Verdad.
No comprendo bien los términos con los que habla, pero quiero llevarlo a cabo.
Esa luz, esa sinceridad, algo hay en Él que me atrae. Quiero ir con Él a ese Cielo.
¿Qué tengo que hacer?
¿Qué puedo empezar a hacer?
Quiero buscar ese pan de Vida eterna del que habla.
Pero…¿Donde está?
Vivo tantas veces angustiado, corriendo. Mirándome las sandalias llenas de polvo, perdiéndome tantas sonrisas, tantas miradas.
Me agobio por tonterías, por lo que comeré y beberé mañana, por lo que me ha dicho tal persona, por lo que piensan de mi en el pueblo, por la cosecha.
Y cada vez que paro un momento, encuentro esa “paz” que vivo buscando. Pero no es La Paz que veo en ese hombre, si no una especie de tranquilidad momentánea. Y esa tranquilidad no me alimenta, no me tranquiliza.
¡Quiero vivir como Él!
¡Ya está!
Quiero ser esa luz, que mis palabras, que mis gestos reflejen esa autenticidad, esa sincera Verdad de llevo dentro.
¡Quiero levantar la cabeza!
Mis sandalias están bien, ya les limpiaré el polvo. Pero tal vez mi mujer, mis hijos, mi vecina, no están bien, y necesitan de mi mirada, de mi sonrisa.
Estoy perdiendo tantas oportunidades….
Tantas oportunidades de iluminar un rostro, de dar un buen abrazo, de soltar unas buenas carcajadas, de respirar aire fresco, de maravillarme con el viento soplando sobre las hojas, de asombrarme con la tempestad del lago rugiendo contra las piedras de la costa.
¡Hay tanto que miraaar!
¡Hay tanto que contemplar!
¡Hay taaaaanta Vida!
Y está aquí delante, solo tengo que levantar la cabeza.
Y para esto, para vivir así, este hombre me ofrece simplemente ¿un trozo de Pan?
Pues me apunto, quiero tomar de ese Pan.
Quiero habitar en Él y que Él habite en mi, y así poder crear juntos grandes locuras, poder iluminar juntos tantas almas.
Lo tengo claro.
Voy a tomar de este Pan cada día de mi vida.
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