Escuchar "Póstrate ante tu Rey"
Síntesis del Episodio
En muchas otras religiones, aparte del cristianismo, es común la práctica de la oración. Y una posición en que frecuentemente se ora es la de POSTRACIÓN – la persona arrodillada con la frente tocando el suelo y las manos extendidas; se trata de una posición que representa sometimiento y humillación.
Podríamos como cristianos pensar que tal postura es un tanto extrema, ya que no estamos acostumbrados a ella; e incluso podría parecernos reflejo de una fe radical. Sin embargo, aunque no es común que en el culto cristiano ni en la devoción privada asumamos la posición de postración, en la vida entera estamos llamados a vivir como súbditos sumisos y humildes delante de JESUCRISTO, el gran Rey.
Cuando pensamos en el evangelio de Jesús, no deberíamos pensar que Cristo vino sólo a morir por rescatarnos del infierno y ya – él vino a librarnos de la condenación, es verdad, pero vino a ser nuestro Rey. De hecho, Cristo no será tu SALVADOR si no es primero que todo tu REY.
Es común hablar de libertad cuando pensamos en la obra de Cristo – el Hijo de Dios vino a darnos libertad; pero no a proveernos independencia; somos libres del pecado, de la muerte y de la condenación; pero ahora somos siervos en su reino, súbditos bajo su señorío – esclavos comprados a precio de sangre.
Así es como hemos de entender nuestra relación con Cristo; es nuestro “amigo anhelado”, es quien nos “ve cual hermano” pero por encima de todo, es nuestro REY SOBERANO.
De manera que aunque no practiques la oración en posición de postramiento, nuestra vida entera, nuestra identidad y nuestra actitud ha de ser la de un pueblo que sometido en gratitud, devoción y gozo reconoce y celebra el señorío de Jesucristo – amparándose en su gracia, refugiándose en su poder, confiando en su dirección y dependiendo de su providencia.
En el Salmo 143, se nos muestra a un súbdito clamando ante su rey, confiando en que su señor le otorgará auxilio con su misericordia, su poder y su bondad. La oración puede parafrasearse de esta manera:
Soy tu SIERVO, tú eres mi REY;
mi justicia es nula, tu misericordia es abundante,
mi vida es frágil, tu poder es grande,
mi angustia es mucha, tu refugio es seguro,
mi camino es duro, tu guía es confiable…
socórreme, porque soy tu SIERVO y tú eres mi REY
¡Es un honor servir a Jesús!
¡Afortunados los súbditos del Hijo de Dios!
¡Viva Cristo Rey!
Podríamos como cristianos pensar que tal postura es un tanto extrema, ya que no estamos acostumbrados a ella; e incluso podría parecernos reflejo de una fe radical. Sin embargo, aunque no es común que en el culto cristiano ni en la devoción privada asumamos la posición de postración, en la vida entera estamos llamados a vivir como súbditos sumisos y humildes delante de JESUCRISTO, el gran Rey.
Cuando pensamos en el evangelio de Jesús, no deberíamos pensar que Cristo vino sólo a morir por rescatarnos del infierno y ya – él vino a librarnos de la condenación, es verdad, pero vino a ser nuestro Rey. De hecho, Cristo no será tu SALVADOR si no es primero que todo tu REY.
Es común hablar de libertad cuando pensamos en la obra de Cristo – el Hijo de Dios vino a darnos libertad; pero no a proveernos independencia; somos libres del pecado, de la muerte y de la condenación; pero ahora somos siervos en su reino, súbditos bajo su señorío – esclavos comprados a precio de sangre.
Así es como hemos de entender nuestra relación con Cristo; es nuestro “amigo anhelado”, es quien nos “ve cual hermano” pero por encima de todo, es nuestro REY SOBERANO.
De manera que aunque no practiques la oración en posición de postramiento, nuestra vida entera, nuestra identidad y nuestra actitud ha de ser la de un pueblo que sometido en gratitud, devoción y gozo reconoce y celebra el señorío de Jesucristo – amparándose en su gracia, refugiándose en su poder, confiando en su dirección y dependiendo de su providencia.
En el Salmo 143, se nos muestra a un súbdito clamando ante su rey, confiando en que su señor le otorgará auxilio con su misericordia, su poder y su bondad. La oración puede parafrasearse de esta manera:
Soy tu SIERVO, tú eres mi REY;
mi justicia es nula, tu misericordia es abundante,
mi vida es frágil, tu poder es grande,
mi angustia es mucha, tu refugio es seguro,
mi camino es duro, tu guía es confiable…
socórreme, porque soy tu SIERVO y tú eres mi REY
¡Es un honor servir a Jesús!
¡Afortunados los súbditos del Hijo de Dios!
¡Viva Cristo Rey!
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