«El cuento de los caramelos embarcados en un bote»

27/11/2025 4 min
«El cuento de los caramelos embarcados en un bote»

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Síntesis del Episodio


(Cincuentenario de la Muerte de Salarrué)
«Puesiesque [un niño que se llamaba] Tablita yegó a la tienda y le dijo a la tiendera:
»—Mire: ¿por qué han metido tanto caramelo bonito en ese bote?
»Y la tiendera, quera bien bilis, hizo ¡Hm!” y diay dijo:
»—¡Para que ai estén guardaos y para que nadie los tiente! —y se sacudió [una hormiga] que se había pasado del saco diazúcar, y dio unos pasos chancletudos y dijo:
»—¡Te va castigar tu mama, porque va decir que ¿quiandás haciendo en el vecindario?!
»Y era que [ella] tenía ganas de que [Tablita] se juera, y no se jué, sino que le dijo:
»—Pero como aquí nues vecindario sino ques tienda, ¡vaya!
»—Sí, siés tienda, pero no tenés [dinero] para comprar nada, asiés que de nada sirve que testés aquí —le dijo dando pasitos la tiendera, que tenía un lunar de carne en el cachete.
»—Sí tengo —le dijo Tablita.
»—¿Entonces por qué no comprás? —le dijo la tiendera, quera algo sorda.
»—Porque taba esperando a ver si me regalaba unos... —le dijo.
»—Pero como no te puedo regalar —le dijo la tiendera.
»—A pué, como no me puede regalar, sólo poreso no le compro —le dijo Tablita, y se jué chiflando... y siacabuche.»1
Así termina «El cuento de los caramelos embarcados en un bote» escrito por Salvador Salazar Arrué, conocido por su seudónimo Salarrué, con su acostumbrado cierre costumbrista salvadoreño: «y siacabuche», es decir, «y se acabó el cuento».
De este simpático cuento sacamos la moraleja evidente de que no podemos obtener ciertas cosas, por mucho que las queramos o por ingeniosos o buenos regateadores que seamos, si no tenemos con qué pagar el precio establecido. ¿Será por eso mismo que Dios, que se especializa en hacer las cosas a la inversa de como las hacemos nosotros, decidió ya hace dos milenios que nos regalaría lo que más vale en todo el mundo? Sí, pero conste que nuestro Padre celestial no decidió ofrecérnoslo sin costo alguno, pues si bien era un regalo, alguien tendría que pagar el precio.
Eso que más vale es nuestra redención del pecado, y el que tuvo que pagar el precio para que pudiéramos así obtener la salvación y la vida eterna fue Jesucristo. El apóstol Pablo enseña que si bien la paga de nuestro pecado es la muerte, el regalo que nos ofrece Dios es la vida eterna. Pues es por la muerte de Jesucristo, su amado Hijo, que tenemos la redención y el perdón de pecados.2 El apóstol Pedro a su vez explica que «Cristo mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, para que nosotros muramos al pecado y vivamos una vida de rectitud».3
Más vale entonces que nos apropiemos cuanto antes de ese regalo por el que Cristo ya pagó el precio supremo, creyendo en Él, pidiéndole perdón por nuestros pecados, y reconociéndolo como nuestro Salvador y Señor.4
Carlos ReyUn Mensaje a la Concienciawww.conciencia.net


1
Salarrué [Salvador Salazar Arrué], «El cuento de los caramelos embarcados en un bote», El ángel del espejo y otros relatos (Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho, 1985), p. 153 <https://biblioteca-repositorio.clacso.edu.ar/bitstream/ CLACSO/15304/1/El_angel_del_espejo_Salarrue.pdf> En línea 29 mayo 2025.


2
Ro 3:23; Gá 3:13; Col 1:13-14


3
1P 2:24 (DHH)


4
Jn 3:16; Ro 10:9-10; 14:9; Fil 2:9-11; 1Jn 1:9