Escuchar "9. Twist - 4:08-Halford - Resurrection,2000."
Síntesis del Episodio
La sexta pista trae a un invitado muy especial, creando en este The One You Love To Hate un dueto histórico jamás concebido hasta la fecha, Rob Halford y Bruce Dickinson, un duelo de titanes en el que se midieron las tesituras a usar para que quedara el combate en tablas, donde diplomáticamente ninguno arroja al otro sobre las cuerdas, que son bordones simétricamente trazados a diestra y siniestra con un riff demoledor. Dos fieras primigenias del género en acción.
Cyberworld es la respuesta tardía pero bienvenida a aquella rama que definió el lado más clásico del Metal los ’90, el Power Metal, con un nervioso riff que como en almenas reparte una sí y otra no notas finas engarzadas en la gruesa línea, tejidas al más puro estilo de ese subgénero del Heavy Metal que reinó en la escena desde la última década del siglo XX, paralelamente a ese nuevo sonido que trajo Pantera.
Rob se despacha a gusto entre los riffs como viejo rey que estrena nuevo palacio, cómodo pero sabiendo de sobra lo que debe hacer, cómo obrar en él. Después de ese fabuloso solo, que llega en su final a romper la barrera del sonido, estalla una bella melodía que pronto es acompañada por Rob con una dulce línea que casa en perfecta sinergia con la de las guitarras, creando uno de los mejores momentos de todo el álbum, toda una sorpresa al más puro estilo de Judas Priest y aquellos ases que guardaban en sus mangas de cuero para sacarlos a media canción, o cuando, como en este caso, ésta está a punto de terminar, cuando cualquier mortal piensa que ya está resuelta, llevándose la grata sorpresa luego. Atrapados quedamos en su mundo cibernético, y hechizados por su atmósfera. Colosal.
Reafirmando el terreno, lenta rueda una mole que responde al nombre de Slow Down, mastodóntico riff de Patrick y Mike donde en medio penetra el bronco y denso caudal de Halford, en un registro suave pero sólido al mismo tiempo, ¿Que cómo es eso?, no olvidemos quién es el que canta. Tras el solo, entra un trance dirigido por un suave y marcial redoblar de caja, que aflora entre el cortinaje de un arpegio sobre el que Rob exhala su lacónico mensaje, hasta salir del trance el tema y retomar su curso inicial. Adoro la forma en que a continuación las guitarras empujan la segunda mitad del puente al estribillo (“The choice is resting in my hands…”), un enmudecido pulso de bordones que remolca a ese ”hands…yeah…” con gran pasión y señorío, hasta ser marcada la despedida con los últimos estribillos.
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Cyberworld es la respuesta tardía pero bienvenida a aquella rama que definió el lado más clásico del Metal los ’90, el Power Metal, con un nervioso riff que como en almenas reparte una sí y otra no notas finas engarzadas en la gruesa línea, tejidas al más puro estilo de ese subgénero del Heavy Metal que reinó en la escena desde la última década del siglo XX, paralelamente a ese nuevo sonido que trajo Pantera.
Rob se despacha a gusto entre los riffs como viejo rey que estrena nuevo palacio, cómodo pero sabiendo de sobra lo que debe hacer, cómo obrar en él. Después de ese fabuloso solo, que llega en su final a romper la barrera del sonido, estalla una bella melodía que pronto es acompañada por Rob con una dulce línea que casa en perfecta sinergia con la de las guitarras, creando uno de los mejores momentos de todo el álbum, toda una sorpresa al más puro estilo de Judas Priest y aquellos ases que guardaban en sus mangas de cuero para sacarlos a media canción, o cuando, como en este caso, ésta está a punto de terminar, cuando cualquier mortal piensa que ya está resuelta, llevándose la grata sorpresa luego. Atrapados quedamos en su mundo cibernético, y hechizados por su atmósfera. Colosal.
Reafirmando el terreno, lenta rueda una mole que responde al nombre de Slow Down, mastodóntico riff de Patrick y Mike donde en medio penetra el bronco y denso caudal de Halford, en un registro suave pero sólido al mismo tiempo, ¿Que cómo es eso?, no olvidemos quién es el que canta. Tras el solo, entra un trance dirigido por un suave y marcial redoblar de caja, que aflora entre el cortinaje de un arpegio sobre el que Rob exhala su lacónico mensaje, hasta salir del trance el tema y retomar su curso inicial. Adoro la forma en que a continuación las guitarras empujan la segunda mitad del puente al estribillo (“The choice is resting in my hands…”), un enmudecido pulso de bordones que remolca a ese ”hands…yeah…” con gran pasión y señorío, hasta ser marcada la despedida con los últimos estribillos.
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