Escuchar "10. Temptation - 3:32-Halford - Resurrection,2000."
Síntesis del Episodio
Reafirmando el terreno, lenta rueda una mole que responde al nombre de Slow Down, mastodóntico riff de Patrick y Mike donde en medio penetra el bronco y denso caudal de Halford, en un registro suave pero sólido al mismo tiempo, ¿Que cómo es eso?, no olvidemos quién es el que canta. Tras el solo, entra un trance dirigido por un suave y marcial redoblar de caja, que aflora entre el cortinaje de un arpegio sobre el que Rob exhala su lacónico mensaje, hasta salir del trance el tema y retomar su curso inicial. Adoro la forma en que a continuación las guitarras empujan la segunda mitad del puente al estribillo (“The choice is resting in my hands…”), un enmudecido pulso de bordones que remolca a ese ”hands…yeah…” con gran pasión y señorío, hasta ser marcada la despedida con los últimos estribillos.
La elasticidad compositiva del grupo y su líder se ve reflejada con creces en ese Twist, parecido a esas optimistas piezas de aquel Point Of Entry del ’81 de Priest, dándonos el vocalista otra dosis de destreza y versatilidad que sólo nos sabe administrar él, con sus piruetas vocales rica en diferentes matices, retorciendo, girando sus tesituras, haciendo honor al título de la canción. Tras él, aparece Temptation y su delicada mixtura entre machacón Hard Rock y Heavy de los ’80, donde el cantante pasea su desparpajo al estilo de ese Burnin’ Up del disco que trajo el cuero a la escena, para sorprendernos con el contraste de un delicado estribillo. Ese último giro de Halford con el que da fin al corte no tiene precio [3:10], desbordándonos el alma como en sus mejores tiempos.
Rudo y rockero nos sacude Drive con el cliché de la carretera y los motores rugiendo, para dar paso luego a Saviour, una pieza de enérgico Heavy que explota en un majestuoso estribillo, que nostálgico en su eco y forma nos trae la legendaria atmósfera de aquel Defenders Of The Faith, el mismo que forjaron aquellos dioses británicos hacia los que Halford emprendió su sendero de regreso.
Aunque largo aún, ese camino estaba abierto, faltándole sólo pocos tramos para la meta, señalizadas esas etapas por el doble en directo Live Insurrection y una obra maestra llamada Crucible. Para todo ello quedaba esperar, pero fue una espera, más que entretenida, maravillosa, con la que todos fuimos saliendo de dudas de que aquel regreso era sincero, y aspirante a un trono que siempre tuvo dueño, pues nadie fue digno de él, sólo del que lo reclamó tras su resurrección.
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La elasticidad compositiva del grupo y su líder se ve reflejada con creces en ese Twist, parecido a esas optimistas piezas de aquel Point Of Entry del ’81 de Priest, dándonos el vocalista otra dosis de destreza y versatilidad que sólo nos sabe administrar él, con sus piruetas vocales rica en diferentes matices, retorciendo, girando sus tesituras, haciendo honor al título de la canción. Tras él, aparece Temptation y su delicada mixtura entre machacón Hard Rock y Heavy de los ’80, donde el cantante pasea su desparpajo al estilo de ese Burnin’ Up del disco que trajo el cuero a la escena, para sorprendernos con el contraste de un delicado estribillo. Ese último giro de Halford con el que da fin al corte no tiene precio [3:10], desbordándonos el alma como en sus mejores tiempos.
Rudo y rockero nos sacude Drive con el cliché de la carretera y los motores rugiendo, para dar paso luego a Saviour, una pieza de enérgico Heavy que explota en un majestuoso estribillo, que nostálgico en su eco y forma nos trae la legendaria atmósfera de aquel Defenders Of The Faith, el mismo que forjaron aquellos dioses británicos hacia los que Halford emprendió su sendero de regreso.
Aunque largo aún, ese camino estaba abierto, faltándole sólo pocos tramos para la meta, señalizadas esas etapas por el doble en directo Live Insurrection y una obra maestra llamada Crucible. Para todo ello quedaba esperar, pero fue una espera, más que entretenida, maravillosa, con la que todos fuimos saliendo de dudas de que aquel regreso era sincero, y aspirante a un trono que siempre tuvo dueño, pues nadie fue digno de él, sólo del que lo reclamó tras su resurrección.
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