De Cristo al Credo, la fe cristiana "pre-nicena"

17/09/2025 26 min

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Síntesis del Episodio

La Inflexión Filosófica: Los Apologistas Griegos y el Logos (c. 130-180 d.C.)2.1. Nuevo Contexto Apologético y el Concepto de LogosA mediados del siglo II, el cristianismo enfrentaba ataques intelectuales paganos. Los Apologistas Griegos (Justino Mártir, Tatiano, Atenágoras, Teófilo de Antioquía), filósofos convertidos, buscaron defender el cristianismo como la "verdadera filosofía". Encontraron terreno común en el concepto del Logos (Verbo).Justino Mártir reinterpretó el Logos joánico, fusionándolo con el concepto filosófico griego de un principio racional intermediario entre un Dios supremo y el mundo. En su sistema, el Logos se convierte en un "segundo Dios" (deuteros theos), un ser divino numéricamente distinto del Padre. El Padre era absolutamente trascendente, inmutable e impasible, incapaz de interactuar directamente con el mundo. Todas las teofanías del Antiguo Testamento eran manifestaciones de este Logos secundario, el único capaz de interactuar con lo creado.Esta doctrina introdujo una clara jerarquía ontológica: el Logos no es co-eterno con el Padre. Fue "engendrado" por la voluntad del Padre antes de la creación, pasando de ser razón inmanente a hipóstasis personal. Este "engendramiento" pre-cósmico establece su origen y subordinación. El Logos es divino, pero su divinidad es derivada. Este modelo subordinacionista fue un cambio radical y sentó las bases para el arrianismo.La teología de Justino se reflejó en las fórmulas bautismales, donde se encuentra el primer testimonio explícito de una fórmula triádica: "en el nombre de Dios, Padre y Señor del universo, y de nuestro Salvador Jesucristo, y del Espíritu Santo". Esta formulación híbrida reflejaba una transición que ya no veía en Jesús la plenitud del único Dios, sino una segunda persona junto a una tercera entidad vagamente definida.El legado de los Apologistas fue que "crearon un 'problema' teológico que la Iglesia primitiva no había tenido". Al postular dos seres divinos distintos, transformaron el debate de cómo el único Dios se hizo hombre a cómo conciliar múltiples "personas" divinas con el monoteísmo. Su solución subordinacionista fue inestable, sacrificando la plena igualdad del Hijo y abriendo preguntas metafísicas. La pregunta de Arrio ("si el Hijo es derivado, subordinado y tiene un origen posterior al Padre, ¿es verdaderamente Dios en el mismo sentido que el Padre?") ya estaba implícita en la teología de Justino.El final del siglo II y el III vieron una intensificación del debate cristológico, con una batalla entre concepciones distintas de la Deidad.En respuesta al Logos de los Apologistas, que parecía introducir un segundo Dios, surgió el Monarquianismo, defendiendo la monarchia de Dios.Teólogos como Noeto, Práxeas y Sabelio argumentaron que "Padre", "Hijo" y "Espíritu Santo" no eran distinciones de personas, sino "modos", manifestaciones o roles del único Dios. El Padre es Dios trascendente; el Hijo es el mismo Dios encarnado; el Espíritu Santo es el mismo Dios en acción santificadora. Utilizaron el término prosopon ("máscara" o "personaje") para ilustrar cómo un solo ser actuaba en diferentes roles. Esta teología era una reafirmación de la cristología de identidad post-apostólica. Según Tertuliano, esta era la creencia de la "mayoría de los creyentes" de la época.Los oponentes acusaron a los modalistas de "Patripasianismo" ("el Padre sufrió"), argumentando que si el Hijo es el Padre, el Padre sufrió y murió en la cruz, algo considerado blasfemo. Los modalistas respondieron que Dios, en su naturaleza espiritual como Padre, es impasible, pero sufrió y murió en la carne como Hijo. La controversia reveló la brecha: para los trinitarios primitivos, la impasibilidad requería una persona subordinada que pudiera sufrir; para los modalistas, la Encarnación significaba que el único Dios entró plenamente en el sufrimiento humano.