"Nuestros Mayores Hablan·". Programa 24 de abril de 2017.

24/04/2017 59 min
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Síntesis del Episodio

En la Iglesia Latina, los sacerdotes y ministros ordenados, a excepción de los diáconos permanentes, «son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes que viven como célibes y que tienen la voluntad de guardar el celibato "por el Reino de los cielos". En efecto, todos los sacerdotes «están obligados a observar una continencia perfecta y perpetua por el Reino de los cielos, y, por tanto, quedan sujetos a guardar el celibato»
Este celibato sacerdotal es un «don peculiar de Dios», que es parte del don de la vocación y que capacita a quien lo recibe para la misión particular que se le confía. Por ser don tiene la doble dimensión de elección y de capacidad para responder a ella. Conlleva también el compromiso de vivir en fidelidad al mismo don.
El celibato permite al ministro sagrado «unirse más fácilmente a Cristo con un corazón entero y dedicarse con mayor libertad al servicio de Dios y de los hombres». En efecto, como sugiere San Pablo y lo confirma el sentido común, un hombre no puede entregarse de manera tan plena e indivisa a las cosas de Dios y al servicio de los demás hombres si tiene al mismo tiempo una familia por la cual preocuparse y de la cual es responsable.
Una de las cuestiones planteadas es la del celibato obligatorio de los sacerdotes, un viejo asunto que vuelve a estar de actualidad después de que, hace solo unos días, un grupo de 26 mujeres enamoradas de sacerdotes remitiera una carta al Papa Francisco pidiéndole que deje de prohibir “un vínculo tan fuerte y hermoso”. El Papa no se esconde en la respuesta a la pregunta de si está dispuesto a plantear una discusión incómoda en el seno de la Iglesia: "La Iglesia católica tiene curas casados. Católicos griegos, católicos coptos, hay en el rito oriental. Porque no se debate sobre un dogma, sino sobre una regla de vida que yo aprecio mucho y que es un don para la Iglesia. Al no ser un dogma de fe, siempre está la puerta abierta".
El Papa Francisco
Una de las novedades de Francisco es precisamente esa, su disposición a discutir lo discutible, sin que por ello deje de expresar su opinión. De ese modo, la vieja aspiración de un sector de la Iglesia de que los curas puedan casarse y tener hijos sin verse obligados a abandonar el ministerio sacerdotal vuelve a tener esperanza
“Francisco ha dado muchas señales de su voluntad de abrir la cuestión de ordenar hombres casados, incluso alentando a las iglesias locales a presentar propuestas”,
Algunos teólogos sostienen que el cambio a un sacerdocio casado es relativamente simple. A diferencia de lo que ocurre con la prohibición de la ordenación de las mujeres y de las uniones del mismo sexo, que son tenidas por “doctrina”, la cuestión del celibato es considerada una “disciplina”, y, por tanto, más fácil de cambiar.
La iglesia institucional tiene mucho que ganar instituyendo un sacerdocio casado. Obviamente, podría eludir la inminente crisis de escasez de sacerdotes.
También pudiera servirle como herramienta para la evangelización y promoción de la familia, ya que un sacerdote y su esposa serían modelos del rol complementario del género frecuentemente elogiado por el Papa Francisco. El marido sería tanto el padre de la parroquia cuanto de la familia, y su esposa representaría la parte maternal y servicial.