El sujeto político en PODEMOS (parte 3ª)

22/12/2016 11 min
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El sujeto político en PODEMOS (parte 3ª)

El sujeto político en PODEMOS (parte 3ª)


[Continuación de los dos artículos anteriores “La cuestión del ‘poder’ en Podemos (parte 1ª)y Los Círculos y las corrientes en Podemos (parte 2ª)]
José M. Torres
Pilar Navarro


Cuando hablamos de “sujeto político” estamos queriendo imaginar cómo deben ser las características o cualidades objetivas de una persona inscrita y comprometida en el proyecto PODEMOS.
Durante mucho tiempo, después de la Transición (1982) y tras la disolución de la URSS (1989) ha estado abierta una discusión en la izquierda en torno a cuál debe ser, en los tiempos de la globalización, el sujeto político revolucionario. Y no se ha llegado a una conclusión consensuada. ¿Por qué? Quizás porque hablar de revolución (en la Unión Europea), bajo el aplastante poder del neoliberalismo, se hizo impracticable debido a la complejidad en estas sociedades donde el cambio tecnológico ha trastocado los formatos de relación social habituales hasta entonces. También porque para hablar de sujeto revolucionario, en los países europeos, se requerían condiciones de cambio social radical, que no se veían ni en pintura. Se requería de algún tipo de experiencia social emergente y no la había en un mundo donde las clases trabajadoras se encontraban integradas en el capitalismo de consumo. Hasta que llegó la Gran Recesión que trastocó aquel orden con un cambio de panorama.
En la vieja cultura de la izquierda, lo revolucionario históricamente estuvo siempre ligado con la toma del poder por la vía armada, imitando el ejemplo de la revolución rusa en 1917, o de la china en 1949, o la cubana en 1959 o la sandinista en la Nicaragua de 1979. Posteriormente a 1979, en el mundo no se han producido triunfos de ese formato. Aunque la vía democrática al socialismo, adoptada por los socialistas chilenos bajo la Presidencia de Salvador Allende fue aplastada por un Golpe Militar auspiciado por los EEUU, la moderna revolución social latinoamericana sigue empeñada en materializarse a través de las urnas. La misma revolución bolivariana que promovió Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador ha recurrido a la democracia ciudadana para implementarse. Lo cierto es que la vía armada para la toma del poder – que permita aplicar las reformas sociales que reclaman los sectores populares empobrecidos -, ha sido sustituida por la participación popular democrática donde estos sectores se hacen protagonistas del cambio de las condiciones económicas y políticas. Esta nueva visión quedó corroborada en Centroamérica.
Estos cambios de estrategia de la toma del poder en Latinoamérica, con la entrada del siglo XXI, abren un nuevo panorama, corroboran que estamos ante un cambio de paradigma de gran alcance histórico y también echan luz sobre la izquierda europea, que no tiene ya las llaves en exclusiva para identificar al nuevo sujeto político transformador y superador del capitalismo en esta fase de agotamiento neoliberal.
Salvando las diferencias entre América Latina y la Unión Europea, vemos que, en España, el fenómeno PODEMOS nos proporciona el material y la experiencia para visualizar un sujeto político para esta revolución democrática emergente, que recorre Europa e incluso más allá en todo Occidente.
Sin pretender agotar una investigación sobre cuáles son los valores que determinan el sujeto político que caracteriza la revolución democrática en España, tratamos de presentar un primer esbozo.

El sujeto político en PODEMOS.

La determinación de los valores del sujeto político no puede ser un mero ejercicio de especulación teórica, sino el resultado de un proceso de reflexión mediada por el análisis concreto de la realidad que nos brinda la experiencia y la observación. Se trata de ir definiendo los elementos de la personalidad objetiva de ese sujeto emergente en el proyecto de PODEMOS y que está íntimamente ligado a la cuestión del poder. Parece también imprescindible que esta determinación se construya mediante el debate colectivo de los activistas y militantes de este movimiento político.
PODEMOS, al recoger los valores originales del 15-M, se plantea organizarlos y desarrollarlos. ¿De qué valores estamos hablando? Sin excluir otros, podríamos fijarnos en cuatro: uno primero sería la fraternidad ciudadana, la solidaridad con el “otro”, esa fuerza vital que se respiraba en el movimiento del 15-M, los gritos compartidos y sus consignas surgidas de la gente; un segundo aspecto que podríamos llamarlo como insurrección de la conciencia, que expresa el estallido de la indignación colectiva, sin duda personal pero con gran empatía, como convicción propia de rebelión ante un sistema injusto; un tercer valor sería la movilización permanente tomando las calles y los espacios públicos. El cuarto sería un concepto nuevo de poder, un poder no privatizado, un poder que es del común, un poder popular, donde su apropiación solo se admite para ejercerlo por delegación de la Asamblea –su dueña-, a la que hay que rendir cuentas permanentemente. Un poder que, tras ejercerse por delegación, retorna a la Asamblea, para volvérselo a entregar al mismo o a otra delegada o delegado, en la siguiente misión.
Hasta qué punto se han mantenido estos cuatro valores en el PODEMOS de hoy, es algo que urge analizar.
Vamos a Vistalegre II, con un PODEMOS dividido, resultado del mismo movimiento contradictorio de la realidad, que a veces asusta y preocupa, al emerger dos fuerzas importantes que parecen arrastradas a un proceso de antagonización. Esta situación se da con mayor agudeza en los Círculos, pues es allí donde la cuestión del poder cobra toda su fuerza.
Se puede visualizar en los hechos concretos que la contradicción entre lo viejo y lo nuevo existe a todos los niveles, desde el Internacional, el nacional, el partidario, el grupal, el familiar y el personal. Todos estos ámbitos están interconectados formando una totalidad que vive la lucha de los contrarios. A veces estos contrarios estallan y toman formas diversas e incluso la unidad puede llegar a desdoblarse. Hemos visto al PSOE como se ha fracturado y cómo las medidas que se están adoptando para evitar la ruptura interna y el desgajamiento son cuidadas con esmero por las fuerzas del régimen. En la otra orilla, hemos visto también a los partidos pequeños e incluso en IU cómo se vienen fragmentando y el problema lo tenemos también en PODEMOS. Sin lugar a dudas la contradicción está actuando en todos los microsistemas de ambas orillas (izquierda y derecha), en el mismo sistema nacional (con las tensiones nacionales) e incluso en el panorama mundial (un Occidente muy armado que se resiste a perder hegemonía global y recurre a la guerra). Puede apreciarse esta en varios escenarios concretos, desde el conflicto de la Unión Europea con Reino Unido con motivo del Brexit, o el de la Unión Europea con Rusia, hasta el conflicto que vive el trabajador o la trabajadora en la empresa que le explota, pasando por la guerra en Siria por señalar uno de los más desgarradores. Y en todos esos conflictos está presente la conciencia y el trabajo por la conciliación, la negociación y la pacificación.
Si admitimos que en PODEMOS se han diferenciado varias corrientes que finalmente se reducen a dos principales, tendremos que reconocer también que existen dos sujetos políticos en competencia. Esta lucha interna está siendo espoleada desde el exterior con el objetivo de imponer a este partido la agenda de los poderes fácticos. Si desde afuera se alienta a la ruptura ¿Habrá capacidad interna para evitarlo?
Aunque cada militante o activista se mira en uno u otro líder (la gran parte de los inscritos quiere mirarse en todos) y hace sus diferencias, sería muy dañino identificar las corrientes de PODEMOS con los nombres de sus principales líderes, como acostumbra a hacer el pensamiento dominante y en general el adversario externo que persigue, a toda costa, la normalización de esta fuerza política. El fetichismo de nombrar a las corrientes en base a los líderes es una trampa para caer en un simplismo moral y concluir que a fin de cuentas se trata de luchas entre buenos y malos y que toda la dificultad se cifre en averiguar quiénes son los buenos y quienes los malos. Llegados a este punto nunca nos pondríamos de acuerdo. Si los alineamientos no se producen por el debate de ideas y la reflexión, en lugar de por las emociones y afinidades, caeremos en el reduccionismo del fetichismo y avanzará el proceso de antagonización.
Cualquiera podría corregirnos y hacernos ver que sería mucho más acertado definir al sujeto político, como un atributo aplicable a todos y cada miembro de PODEMOS, sea de la corriente que sea y entenderlo como un sistema de valores contradictorio en sí mismo pero individualizado a cada uno (cargo, militante, inscrito). Hacernos ver que sería mucho más acertado considerar que en cada militante se da la contradicción entre uno u otro modelo de partido (que la calle intervenga en conexión con la parte parlamentaria o simple actuación independiente de esta última; que el partido fije las políticas a llevar en las instituciones o que la política del partido se fije por los cargos institucionales; que la transversalidad se enfoque como la llegada del eco de PODEMOS a los sectores populares marginales y empobrecidos o que la transversalidad se consiga con un eco favorable a electores más moderados; feminización de la política como cambio cuantitativo o como cambio cualitativo; que el poder se practique como medio temporal para el cambio o como recurso a privatizar). Como unos priorizarán el primer sistema de valores y otros el segundo, el sujeto político quedará atravesado por esa contradicción interna que se refuerza o se aminora según los choques o los acuerdos de consenso o desacuerdos que se den entre los fundadores y entre los dirigentes.
En la reflexión anterior sobre la cuestión del poder, planteábamos ya las dos formas de poder: el poder-como-fin y el poder-como-medio. La primera correspondería al viejo paradigma del poder y la segunda a la forma emergente que heredamos del 15-M, poder popular, poder para el empoderamiento ciudadano, que retomó Vistalegre Uno.
Aparentemente tenemos dos sujetos políticos en PODEMOS, sin embargo, solo uno de ellos puede conducir el proceso del cambio, la revolución democrática hacia la más amplia participación popular.
Un primer escenario sería resolver por consenso el dilema de esa dualidad. Otro, más arriesgado, dejar a los electores decidan entre los dos paradigmas. El resultado del porvenir del partido será muy distinto si la hegemonía la alcanzan uno u otro sistema de valores.
A los cuatro principios arriba señaladas: (1) fraternidad y solidaridad ciudadanas, (2) insurrección de la conciencia y (3) movilización permanente y (4) poder no privatizado, PODEMOS ha hecho una aportación determinante: (5) la feminización de la política, valor cultural transversal que ha pasado a ser abiertamente explícito. Todos ellos prefigurarían la ética de una nueva cultura política. Pero la dualidad interna que los poderes fácticos provocan sin descanso buscando el antagonismo no se soluciona teóricamente.
El Congreso de Vistalegre II habrá de resolver este dilema.