Escuchar "Servicio a los demás"
Síntesis del Episodio
Con toda sencillez le dice a Jesús: Ordena que estos hijos míos se sienten en tu Reino uno a tu derecha y otro a tu izquierda (Mt 20, 21-22). El Señor le respondió enseguida: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber? Ellos dijeron: -Podemos (Mt 20, 22). Los dos hermanos no debieron entender mucho, pues poco antes, cuando Jesús hablaba de la Pasión, dice San Lucas: Ninguna de estas cosas comprendían; al contrario, para ellos era un lenguaje desconocido, y no entendían lo que les decía (Lc 18, 34). Es difícil de entender el lenguaje de la Cruz. Sin embargo, ellos están dispuestos, aunque sea con una intención general, a querer todo lo que Jesús quiera. No habían puesto ningún límite a su Señor; tampoco nosotros lo hemos puesto. Anécdota: ““Vamos a querer a Dios; ya le entenderemos en el futuro”. Me decía Antonia, madre totalmente dedicada a su hijo tetrapléjico que ella no echaba las culpas de la situación a Dios (aunque tampoco entendiera la voluntad de Dios... porque no se nos pide entenderla, sino amarla, que es distinto). Pero que estaba segura de que Dios les estaba ayudando enormemente a sobrellevarla”. Por eso, cuando pedimos algo en nuestra oración debemos estar dispuestos a aceptar, por encima de todo, la Voluntad de Dios; también, cuando no coincida con nuestros deseos. “Su majestad -dice Santa Teresa- sabe mejor lo que nos conviene; no hay para qué le aconsejar lo que nos ha de dar, que nos puede con razón decir que no sabemos lo que pedimos” (SANTA TERESA, Moradas, II, 8). Quiere que le pidamos lo que necesitamos y deseemos pero, sobre todo, que conformemos nuestra voluntad con la suya. Él nos dará siempre lo mejor. Juan y Santiago piden un puesto de honor en el nuevo reino, y Jesús les habla de la redención. Les pregunta si están dispuestos a padecer con Él. Utiliza la imagen hebrea del cáliz, que simboliza la voluntad de Dios sobre un hombre (Cfr. Sal 16, 5). El del Señor es un cáliz amarguísimo, que se trocará en cáliz de bendición (Is 51, 17-22) para todos los hombres. Beber la copa de otro era la señal de una profunda amistad y la disposición de compartir un destino común. A esta estrecha participación invita el Señor a quienes quieran seguirle. Para participar en su Resurrección gloriosa es necesario compartir con Él la Cruz. ¿Estáis dispuestos a padecer conmigo? ¿Podéis beber mi cáliz conmigo? Podemos, le repondieron aquellos dos Apóstoles.
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