No pretendo invadir el territorio de nadie para robarle la tinta de sus palabras. No voy a engañarte diciendo que escribir es una terapia que necesito ni que es la forma de encontrarme conmigo mismo; sería adornar una falsa realidad. Simplemente, hay algo en mi cabeza que empuja las palabras hacia una catarata de tinta que cae sobre el papel para formar historias que tal vez quieras escuchar, historias con las que arrancarte de una realidad de la que deseas escapar durante un par de horas, para llevarte a conocer un puñado de bandas que nos esperan en la próxima estación. Soltamos frenos.