Escuchar "Descubre el reto de la Primavera para no desesperar"
Síntesis del Episodio
Desesperar es propio de quien se impacienta, y tiene miedo de sí mismo. Nos ocurre al sentirnos dominados por impulsos que consiguen doblegar la voluntad, junto con los propósitos imaginados para el día siguiente.
Y cuando el día siguiente llega, y nos ha arrastrado la adicción, el miedo, o nos hemos sometido en algo, el aislamiento es insoportable y demencial. La sensación de indefensión es enorme.
¿Qué se puede hacer cuando sumas un día tras otro de la misma manera?
Has pospuesto los planes que eran lo mejor para ti. Te ha vencido una pereza rara, que parece anestesiarse viendo una serie tras otra. O no has podido con ese acelere que surge en la boca del estómago y que pareciera saciarse, solo comiendo más de la cuenta.
Pero lo verdaderamente temible no es eso. La película de horror empieza cuando te sientes impotente. Una sensación con cero capacidad de defensa que se va apoderando de uno, día tras día, con cada cosa que postergamos, o que nos sale mal, y que se alimenta de un reproche callado, donde sientes que te traicionas, aunque no tengas muy claro en qué.
Es entonces cuando uno realmente se asusta, porque ya uno no sabe quien es, ni quién lleva las riendas. La indefensión se convierte en debilidad extrema porque sólo quieres huir de ti.
Ese susto que te hace percibir como muy lejano lo que alguna vez fuiste, es el que retrasa y boicotea la posibilidad de encontrar una salida cuando pides ayuda profesional.
Cuando está todo descontrolado sólo quieres que acabe, sin considerar por un momento que retomar la riendas pasa por parar ese doble deseo: que de golpe lo puedas hacer todo bien como un día lo hiciste; y que desaparezcan las consecuencias de tu cuerpo de lo que ha hecho el miedo, la adicción y la rabia.
Saberse defender de los propios impulsos es un mito para quien se experimenta ansioso por cualquier motivo. Se asimila a la extorsión y a la vergüenza. Hasta el punto que no se quiere que nadie nos vea así. Evitamos a los amigos y en muchas ocasiones sólo queremos dormir y dormir.
Según cada caso, se convierte en una adicción al uso: comida, drogas, sexo, alcohol, o algo más encubierto, al rompernos en la confianza: fobias, agorafobias, ataques de pánico, depresión.
La llegada de la primavera nos pone a prueba en la capacidad de sabernos defender de nuestro miedo más primario, y saca a la luz lo que está escondido debajo de las hojas caídas. El viento frío y destemplado es capaz de tirar por tierra los árboles más fornidos.
Las fuerzas reprimidas de nosotros que no conocemos, y no hemos sabido lidiar con ellas y transformarlas a favor en invierno, las evidencia el viento del inicio de la primavera. Sobre todo, cuando no hemos sabido echar raíces en nuestros valores.
Ante la ausencia de firmeza y la flexibilidad de un bambú, nos rompemos al no tener la fuerza para conocernos en nuestros propósitos de transformación. Y la desesperación es aún mayor al unirse la impaciencia a la oscuridad en los objetivos.
Por eso es importante que nos hagamos la siguiente pregunta: ¿cómo afianzar la energía de la voluntad y de la fuerza para asentarme en mí; en mi Autoestima? ¿Cómo hacerlo de manera que no me desestabilice a la hora de la relación y pierda mi firmeza?
Cualquier estado que nos agite nos pide encontrar nuestra energía corporal, fortaleciendo las piernas. Sólo si nos conectamos con fuerza al inicio de la primavera, como lo haría un practicante de la técnica Maori del Haka, conseguiremos asentar lo que hayamos logrado en invierno y abrirnos a una forma diferente de funcionar.
La primavera nos pide armonizarnos para que no pongamos en duda nuestra valorización, hacerlo con firmeza, de manera que podamos abrirnos al amor, aunque el viento del inicio primaveral nos conecte con los recuerdos de desamor, de no habernos sentido amados o valorados en nuestra infancia.
Cuando sabemos defendernos de nosotros y crecer en primavera haciendo de nuestra vida algo diferente, es cuando hemos nacido en invierno al autoconocimiento de quién soy, qué me define, donde está mi fuerza, mi voluntad y mi valentía.
Con ese conocimiento el viento nos mueve para que aprendamos a regular esos valores en la relación con las otras personas. Empieza otro ciclo donde nuestra Voz despertará el interés en la comunicación, y modula los niveles de simpatía y de empatía.
Así que si este tránsito te cuesta y te domina la desesperación, pon el foco en manejar el cuerpo y la estabilidad. Desiste de querer cumplir el doble deseo, de que de golpe, seas el de antes y todo desaparezca, y que además, sea Ahora pero sin tu concurso.
Entrénate en recuperar tu fuerza y súmale lo que todo niño de 4 años le ayuda a regular la intraquilidad y la tensión: ¡grita! Ve a campo abierto y grita a gusto con las piernas asentadas en la tierra y los brazos batiendo con fuerza.
Entrar bien en la primavera tiene que ver sin dudarlo con la Aceptación. Conozco a muy pocas personas que se hayan sentido aceptadas a esa edad, a los 4 años, por su madre. Sea como haya sido tu caso, ahora nos toca aceptar nuestro lado femenino siendo nuestra propia madre.
La inestabilidad emocional se supera con este compromiso: autoaceptación y no crítica de sí mismo, ni de nadie. Y para nada manipularnos en lo que sentimos delante de otras personas para lograr esa aceptación. Ahora lo que importa es armonizarnos por dentro conectando con la Fuerza.
Del papel que tiene la aceptación del padre en nuestra regulación emocional hablaré la próxima semana. Feliz inicio de la Primavera.
Y cuando el día siguiente llega, y nos ha arrastrado la adicción, el miedo, o nos hemos sometido en algo, el aislamiento es insoportable y demencial. La sensación de indefensión es enorme.
¿Qué se puede hacer cuando sumas un día tras otro de la misma manera?
Has pospuesto los planes que eran lo mejor para ti. Te ha vencido una pereza rara, que parece anestesiarse viendo una serie tras otra. O no has podido con ese acelere que surge en la boca del estómago y que pareciera saciarse, solo comiendo más de la cuenta.
Pero lo verdaderamente temible no es eso. La película de horror empieza cuando te sientes impotente. Una sensación con cero capacidad de defensa que se va apoderando de uno, día tras día, con cada cosa que postergamos, o que nos sale mal, y que se alimenta de un reproche callado, donde sientes que te traicionas, aunque no tengas muy claro en qué.
Es entonces cuando uno realmente se asusta, porque ya uno no sabe quien es, ni quién lleva las riendas. La indefensión se convierte en debilidad extrema porque sólo quieres huir de ti.
Ese susto que te hace percibir como muy lejano lo que alguna vez fuiste, es el que retrasa y boicotea la posibilidad de encontrar una salida cuando pides ayuda profesional.
Cuando está todo descontrolado sólo quieres que acabe, sin considerar por un momento que retomar la riendas pasa por parar ese doble deseo: que de golpe lo puedas hacer todo bien como un día lo hiciste; y que desaparezcan las consecuencias de tu cuerpo de lo que ha hecho el miedo, la adicción y la rabia.
Saberse defender de los propios impulsos es un mito para quien se experimenta ansioso por cualquier motivo. Se asimila a la extorsión y a la vergüenza. Hasta el punto que no se quiere que nadie nos vea así. Evitamos a los amigos y en muchas ocasiones sólo queremos dormir y dormir.
Según cada caso, se convierte en una adicción al uso: comida, drogas, sexo, alcohol, o algo más encubierto, al rompernos en la confianza: fobias, agorafobias, ataques de pánico, depresión.
La llegada de la primavera nos pone a prueba en la capacidad de sabernos defender de nuestro miedo más primario, y saca a la luz lo que está escondido debajo de las hojas caídas. El viento frío y destemplado es capaz de tirar por tierra los árboles más fornidos.
Las fuerzas reprimidas de nosotros que no conocemos, y no hemos sabido lidiar con ellas y transformarlas a favor en invierno, las evidencia el viento del inicio de la primavera. Sobre todo, cuando no hemos sabido echar raíces en nuestros valores.
Ante la ausencia de firmeza y la flexibilidad de un bambú, nos rompemos al no tener la fuerza para conocernos en nuestros propósitos de transformación. Y la desesperación es aún mayor al unirse la impaciencia a la oscuridad en los objetivos.
Por eso es importante que nos hagamos la siguiente pregunta: ¿cómo afianzar la energía de la voluntad y de la fuerza para asentarme en mí; en mi Autoestima? ¿Cómo hacerlo de manera que no me desestabilice a la hora de la relación y pierda mi firmeza?
Cualquier estado que nos agite nos pide encontrar nuestra energía corporal, fortaleciendo las piernas. Sólo si nos conectamos con fuerza al inicio de la primavera, como lo haría un practicante de la técnica Maori del Haka, conseguiremos asentar lo que hayamos logrado en invierno y abrirnos a una forma diferente de funcionar.
La primavera nos pide armonizarnos para que no pongamos en duda nuestra valorización, hacerlo con firmeza, de manera que podamos abrirnos al amor, aunque el viento del inicio primaveral nos conecte con los recuerdos de desamor, de no habernos sentido amados o valorados en nuestra infancia.
Cuando sabemos defendernos de nosotros y crecer en primavera haciendo de nuestra vida algo diferente, es cuando hemos nacido en invierno al autoconocimiento de quién soy, qué me define, donde está mi fuerza, mi voluntad y mi valentía.
Con ese conocimiento el viento nos mueve para que aprendamos a regular esos valores en la relación con las otras personas. Empieza otro ciclo donde nuestra Voz despertará el interés en la comunicación, y modula los niveles de simpatía y de empatía.
Así que si este tránsito te cuesta y te domina la desesperación, pon el foco en manejar el cuerpo y la estabilidad. Desiste de querer cumplir el doble deseo, de que de golpe, seas el de antes y todo desaparezca, y que además, sea Ahora pero sin tu concurso.
Entrénate en recuperar tu fuerza y súmale lo que todo niño de 4 años le ayuda a regular la intraquilidad y la tensión: ¡grita! Ve a campo abierto y grita a gusto con las piernas asentadas en la tierra y los brazos batiendo con fuerza.
Entrar bien en la primavera tiene que ver sin dudarlo con la Aceptación. Conozco a muy pocas personas que se hayan sentido aceptadas a esa edad, a los 4 años, por su madre. Sea como haya sido tu caso, ahora nos toca aceptar nuestro lado femenino siendo nuestra propia madre.
La inestabilidad emocional se supera con este compromiso: autoaceptación y no crítica de sí mismo, ni de nadie. Y para nada manipularnos en lo que sentimos delante de otras personas para lograr esa aceptación. Ahora lo que importa es armonizarnos por dentro conectando con la Fuerza.
Del papel que tiene la aceptación del padre en nuestra regulación emocional hablaré la próxima semana. Feliz inicio de la Primavera.
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