Iniciar el año con altura espiritual - P. Guillermo

02/01/2023 10 min

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Síntesis del Episodio

«MARÍA CONSERVABA ESTAS COSAS Y LAS MEDITABA EN SU CORAZÓN»
SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 2,16-21
Solemnidad de Santa María, Madre de Dios
Propuesta Espiritual
Te invitamos a iniciar el año imitando el ejemplo de la Virgen María. Busca imitar, esta semana, algunas de estas tres actitudes que encontramos en el evangelio del domingo:
1. Admirarse de la obra de Dios en su vida. Ella supo sorprenderse, lo cual despertó en su vida la acción de gracias a Dios y la alabanza.
2. Dice la Palabra de Dios que otra actitud era la admiración. María lo sabía conservar, es decir, lo cuidaba, lo mantenía vivo en su espíritu. Sabía hacer memoria de los beneficios y obras de Dios en su vida y en la de otros. Supo mantener vivo y presente en su mente y en su corazón todo lo que el Señor iba haciendo.
3. Esto mismo la llevaba a meditar, es decir, a tomar lo recibido, las buenas noticias, los milagros de los que ella era testigo, las obras de Dios, y todo lo meditaba, lo pensaba, lo tenía presente en su mente y razonaba, para sacar más luz y hacer más profundo su conocimiento de su Hijo, Jesús.
Esta semana, imitemos alguna de estas tres actitudes de la Virgen. Y aprovechemos, para orar por el eterno descanso del Papa Benedicto XVI, este pasaje de una de sus homilías en honor a la Santísima Virgen María.
«Se puede ver que María, por decirlo así, "se sentía como en su casa" en la palabra de Dios, vivía de la palabra de Dios, estaba penetrada de la palabra de Dios. En efecto, hablaba con palabras de Dios, pensaba con palabras de Dios; sus pensamientos eran los pensamientos de Dios; sus palabras eran las palabras de Dios. Estaba penetrada de la luz divina; por eso era tan espléndida, tan buena; por eso irradiaba amor y bondad. María vivía de la palabra de Dios; estaba impregnada de la palabra de Dios. Al estar inmersa en la palabra de Dios, al tener tanta familiaridad con la palabra de Dios, recibía también la luz interior de la sabiduría. Quien piensa con Dios, piensa bien; y quien habla con Dios, habla bien, tiene criterios de juicio válidos para todas las cosas del mundo, se hace sabio, prudente y, al mismo tiempo, bueno; también se hace fuerte y valiente, con la fuerza de Dios, que resiste al mal y promueve el bien en el mundo».