Y me llevó en espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios,
En su contexto
8Pero los cobardes, los incrédulos, los abominables, los homicidas, los fornicarios, los hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.» 9Vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete últimas plagas, y me habló, diciendo: «Ven, te mostraré a la novia, la esposa del Cordero.» 10Y me llevó en espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, 11con la gloria de Dios. Su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como una piedra de jaspe, transparente como el cristal. 12Tenía una muralla grande y alta, con doce puertas, y en las puertas, doce ángeles, y nombres escritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel: