Ay, el amor. Qué batiburrillo. Lo mismo puede hacerte sentir surcando los cielos, que causarte una mala cagalera. El amor es humano y eso es bueno, pero también enamorarse de un imbécil lo es, y eso acarrea más sufrimiento que alegrías a quien padece este embobamiento supino que los científicos llegan a limitar temporalmente a unos dos años de duración. Como una pandemia, vaya. Mueva montañas o no, desde luego nos define, y difícilmente alguien podrá comprender la naturaleza humana sin hacer parada y fonda por las famosas mariposillas estomacales que nos provoca esta sensación.