Escuchar "Fuego Kundalini"
Síntesis del Episodio
La ascensión de la “Energía Kundalini” es tan antigua como la historia misma. También se la llama “El Fuego Serpentino” mientras se abre camino hacia arriba por el canal espinal (también llamado el sushumna) en una espiral alternada que semeja un par de serpientes enlazadas si se la pudiese ver claramente el tiempo que sea.
Símbolos inmemoriales de curación dicen más de esta energía que cualquier descripción que yo pueda darles. Vemos el ascenso de la Kundalini representada muy acertadamente en el diseño del Báculo de Hermes, conocido también como el Caduceo. La profesión médica moderna adoptó ese símbolo como su modelo – dos serpientes entrelazadas alrededor de una vara que es levantada en alto para que todos la vean.
En la Literatura Bíblica, vemos referencias al báculo que utilizaba el profeta hebreo Moisés, y el poder sanador que dicen que tenía. Alrededor de la vara estaba envuelta una serpiente y se lo sostenía por encima de las personas. Quienquiera que mirase al báculo con fe podía ser curado de cualquier dolencia. Tiempo después, en los evangelios, Jesús dijo de Sí Mismo: “Como Moisés elevó el báculo en el desierto, así debe ser elevado el Hijo del Hombre...” Jesús parecía estar haciendo algunas afirmaciones increíbles. Primero, se estaba equiparando a Sí Mismo con el Poder Serpentino de la vara. Por lo que parece, estaba diciendo que el entrelazamiento de esa fuerza vital era, realmente, la esencia misma de quien era Él.
Millones de personas, los que están encarnados y los que hicieron su transición, pueden testificar el poder sanador de esa imagen de Jesús en la cruz.
Las Reconexiones vienen ahora a decirnos y ofrecernos el punto de vista de que el poder entrelazador de esa Elevación de la Kundalini es, realmente, la esencia misma de quienes somos “todos”. Es una danza de energía que involucra tanto a los elementos activos como a los pasivos en el universo físico. A medida que nos equilibramos en nuestro cuerpo físico, toda la esencia de nuestra persona (y de nuestro universo de percepción) comienza a cambiar. De alguna manera logramos “conectarnos” y nada vuelve a ser igual.