Nota de archivo. Este informe se publicó el 12 de julio de 2022 en INTERNACIONALES Radio, la emisora que ZARZA mantuvo al aire durante cuatro años. Lo revisamos en agosto de 2026 al traer su contenido a zarza.com: se corrigió la redacción, se conservaron íntegras las tesis del original y se añadió un capítulo final con lo que ocurrió después. Donde el texto dice «hoy» sin más, habla de 2022; lo posterior va marcado.
Este es un informe especial sobre las criptomonedas, también conocidas como criptodivisas. Abarca una serie de temas para ampliar el conocimiento de nuestros radioescuchas y lectores sobre qué es y cómo funciona el dinero digital, desde varias perspectivas que permiten entender el uso que otros le dan y que eventualmente pueden resultar útiles para los suyos.
Contra la creencia de que el dinero digital es una moda pasajera, veremos que el origen de este tipo de intercambio es mucho más antiguo de lo que se imagina. A lo largo de la entrega conoceremos cómo sacar ventaja de unas tecnologías que hoy están al alcance de cualquier persona con un teléfono en la mano y que permiten comerciar a escala mundial. De paso, sentaremos los conceptos clave de esta forma de inversión.
Antecedentes del dinero digital
Ante la masificación del dinero digital, se asocia el fenómeno a algo que sucedió hace poco, quizá en la última década. Es la parte más extendida de lo que entendemos por criptomonedas, y es inexacta. Si uno quiere buscar antecedentes, puede remontarse hasta el trueque; si se ciñe estrictamente a la vertiente digital, el comienzo más consensuado está en el uso de los tokens.
¿Qué es un token?
Los tokens —fungibles o no fungibles— empezaron a usarse prácticamente con el inicio de Internet, cuando aparecieron los «códigos» de activación: al canjearlos una o más veces daban acceso a suscripciones o a bienes, digitales o no.
La adquisición de esos tokens siempre estuvo asociada a una remuneración económica o a una labor. Fueron la primera expresión, a pequeña escala, de lo que hoy entendemos por dinero digital. Con el tiempo se convirtieron en largas cadenas cifradas, cada vez más difíciles de descifrar, por razones de seguridad y por el propio funcionamiento del dinero digital, como veremos.
La criptografía permite los criptoactivos
El primer método de criptografía del que se tiene noticia se remonta al siglo V a. C. y se conoce como escítala.
La criptografía (del griego κρύπτος, kryptós, «secreto», y γραφή, graphé, «escritura»: literalmente, «escritura secreta») se ha definido tradicionalmente como el ámbito de la criptología que emplea técnicas de cifrado para alterar la representación de un mensaje y hacerlo ininteligible a quien no está autorizado a leerlo.
Volviendo a los tokens: en las contraseñas la criptografía se usa constantemente. Una contraseña escrita como CursoDerechoComercial3 produce, con MD5 —un algoritmo de reducción criptográfica de 128 bits, muy extendido en su momento—, este resultado:
2f63ed21058fb511c4d54584b5df9ce1
A simple vista es imposible imaginar qué había detrás. En el dinero digital no se usa MD5, que produce un token corto y hoy se considera roto para cualquier uso de seguridad, sino esquemas propios de cada criptomoneda que generan tokens mucho más largos y, por tanto, mucho más difíciles de «minar»: conceptos que iremos abordando.
¿Qué es el dinero digital?
El dinero digital es la forma de transar bienes y servicios sin recurrir a los medios tradicionales: efectivo, cheques o tarjetas de crédito y débito.
Aunque persigue un fin parecido, es además una manera de evitar intermediarios. En principio —aunque no tanto como se cree, como veremos— es una transacción en la que no median bancos ni comisionistas, y que esquiva los controles de los bancos centrales y de otras instancias financieras.
Su expresión más popular son las criptomonedas: muy variadas, de nombres muy distintos, algunas dependientes por completo de la oferta y la demanda y otras —las stablecoins— respaldadas en bienes o en activos financieros tradicionales.
El dinero digital permite a dos personas intercambiar un token o una transacción, y con ello mercancías o suscripciones, igual que se haría con el papel moneda de toda la vida.
Criptomonedas y su comerciabilidad
Donde hay demanda hay oferta, y los controles legales impulsaron el uso de las criptomonedas. Al principio eso las estigmatizó: en la Internet profunda se emplean para pagar actividades que van desde el borde de la legalidad hasta lo abiertamente prohibido.
No entraremos en esas actividades, porque existían antes de las criptomonedas y enlazar su aparición a las criptodivisas sería un error de bulto. Lo que no puede obviarse es que se usan como medio de pago también ahí.
Importa entender, además, que la ley cambia de un país a otro, y mucho. Lo que en una jurisdicción es un contrato ordinario, en otra está prohibido; lo que en un país paga impuestos, en el vecino no existe como figura. Esa divergencia entre ordenamientos —y no solo la tecnología— es uno de los pilares que fortalecieron el uso de las criptomonedas: permiten cerrar entre dos personas un intercambio que el sistema financiero de una de las dos no procesaría.
Transacciones en corto: la principal utilidad del bitcoin, el ether y las demás criptodivisas
Uno de los errores más comunes, tanto de los críticos como de algunos poseedores de criptodivisas, es medir el valor de una cripto por su tipo de cambio en un momento concreto.
Las criptomonedas permiten adquirir bienes y servicios que no están disponibles en el mercado ordinario, o que se venden únicamente en cripto. No es excluyente: con la diversificación de la industria hoy también se compran electrodomésticos, automóviles e inmuebles.
Supongamos que un comprador quiere una pieza que en ese momento vale mil dólares, pero que no puede adquirir con tarjeta porque los emisores no procesan ese tipo de cargo —por riesgo de contracargos o por política interna—. El vendedor, en cambio, acepta bitcoin.
Ahí aparece la transacción en corto: el comprador adquiere el equivalente en bitcoin a esos mil dólares y cinco minutos después está pagando. Ese es el uso principal de las criptomonedas.
En este tipo de operación importa poco que ayer el bitcoin costara el doble o que mañana valga la mitad. Cuando se analiza la cripto solo como inversión, se pierde de vista su uso fundamental: poder adquirir algo que el papel moneda tradicional no alcanza. Da igual que el bitcoin esté a cien mil dólares o a uno: en una operación corta lo que se busca es el equivalente que permita comprar.
Transacciones a largo plazo: holdear
Al contrario que la operación corta, holdear es mantener la inversión en criptodivisas a largo plazo.
Si comparamos invertir en cripto con un certificado a plazo, encontraremos muchas diferencias —el riesgo, la primera—, pero coinciden en que el plazo es lo determinante. En el largo plazo se especula, como en cualquier inversión, con que el tiempo dará una ganancia superior a lo puesto.
Invertir en cualquier negocio es especulativo: hay una presunción de éxito que puede darse o no. Lo mismo aplica a holdear. Lo cierto es que el bitcoin empezó costando unos centavos y ha llegado a valer miles de dólares: para quien entró en el momento adecuado fue una gran inversión.
El bitcoin, lejos de ser la única criptomoneda, es la principal. Cada día nacen otras, con intereses generales y también muy específicos, de modo que el éxito de la inversión está muy ligado al objetivo del portafolio.
Portafolio de criptodivisas
No poner todos los huevos en la misma canasta es una premisa que emplean los inversionistas de cualquier nivel. En bolsa se ve cómo Warren Buffett no concentra todo su capital en una sola empresa, aunque sea la que más le rinda: al dividir la inversión se dividen los riesgos.
En criptomonedas, manejar más de una es en sí una forma de inversión: cuando una baja otra sube y —salvo en un criptoinvierno— esa variación permite vender la que está al alza para comprar la que está a la baja.
Un portafolio variado también sirve al objetivo de las operaciones cortas, porque no todos los bienes o servicios aceptan la misma moneda. Y en el largo plazo tiene su lógica: una cuota pequeña en una cripto incipiente puede rendir mucho si esa moneda encuentra su momento.
Criptoinvierno: sufrido por unos y esperado por otros
Se llama criptoinvierno a la temporada en que varias criptomonedas pierden valor. La caída suele empezar en las principales y arrastrar a las pequeñas.
Sirve la comparación con la industria aérea: cuando ocurre un accidente y hay víctimas, baja la ocupación de todas las aerolíneas, no solo de la implicada. En las criptomonedas pasa igual.
Los que sufren la pérdida de valor de sus criptoactivos
Durante un criptoinvierno, quien holdea se encuentra con que la conversión que antes le daba una cantidad ahora le da mucho menos, y necesitaría muchas más monedas para alcanzar el mismo valor.
Eso entristece a quien tiene un stock determinado y ve caer su valor de golpe. Y suele inducir a la venta: el poseedor se asusta y vende mucho más barato de lo que querría.
Los que celebran y aprovechan los precios bajos
En el lado contrario están quienes solo compran durante los criptoinviernos. Se ve también en el mercado convencional: en la crisis inmobiliaria de 2008 en Estados Unidos mucha gente vendió su propiedad a precio de saldo mientras otros inversionistas tenían el dinero listo para aprovecharlo y se quedaron por unos miles con propiedades que habían costado millones.
Las ballenas que causan los criptoinviernos
En los criptoinviernos los causantes son muchas veces las llamadas «ballenas»: inversionistas con enormes cantidades de criptomonedas que deciden, igual que ocurre en Wall Street, aprovechar su posición dominante y sacan a la venta todo o gran parte de su stock, inundando el mercado a un precio menor.
Cuando una ballena vende, suele hacerlo de acuerdo con otras, y el efecto se contagia: el pequeño inversionista se deja llevar por la caída y pone también sus monedas a la venta.
Una vez que el precio llega donde las ballenas querían, usan el capital que reunieron vendiendo al principio de la «corrección» —mayor que el de los pequeños— para recomprar mucho más barato, quedándose con la misma cantidad de monedas que tenían al inicio, o con más, por menos dinero.
Ha ocurrido una y otra vez, y el factor común es que las ballenas siguen creciendo. La estrategia está a la vista, y aun así la ignora quien invierte sin estudiar el mercado.
Correcciones: la verdadera forma de ganar con el dinero digital
Cuando en una gráfica la línea de valor sube o baja, a eso lo llamamos corrección: las hay al alza y a la baja.
Invertir en criptomonedas no es solo comprar y vender: es saber cuándo hacerlo. Mucha gente comete el error de sobrevalorar el tipo de cambio y cree que solo se gana cuando ese valor es más alto, algo que ya contradijimos al hablar de las operaciones cortas.
Las correcciones son el otro lugar donde la criptomoneda se vuelve una inversión rentable: quien sigue de cerca las gráficas y los factores sociales que mueven el precio puede reconocer cuándo conviene vender y cuándo comprar. Un punto de caída o de subida puede significar decenas de miles de dólares en un portafolio suficientemente grande.
A pequeña escala: si alguien convierte una suma a las ocho de la noche y a las ocho y diez una figura pública con suficiente alcance publica un mensaje a favor de esa moneda, el precio se mueve —está comprobado que ocurre— y esa persona puede vender a las ocho y veinte con la operación cerrada. Es también la mejor ilustración de lo frágil que resulta un mercado que se mueve con un mensaje.
Lo que pasó después (2022–2026)
Este capítulo no estaba en el informe original: se añadió en agosto de 2026.
El texto se publicó justo cuando empezaba el criptoinvierno más duro hasta la fecha, y lo que vino después puso a prueba casi todo lo anterior.
Cayeron los intermediarios, no la tecnología. En noviembre de 2022 quebró FTX, entonces una de las mayores casas de cambio del mundo; su fundador fue condenado en noviembre de 2023. Antes habían caído otras plataformas de préstamo. El patrón se repitió: lo que falló no fue la cadena de bloques, sino los intermediarios que la gente usaba para no tener que entenderla. La lección práctica —«si no tiene sus llaves, no son sus monedas»— dejó de ser un eslogan.
Ethereum cambió de motor. El 15 de septiembre de 2022, con la fusión conocida como The Merge, Ethereum abandonó la minería por prueba de trabajo y pasó a prueba de participación, recortando su consumo eléctrico en más del 99 %. En marzo de 2024, la actualización Dencun abarató drásticamente las transacciones en sus redes de segunda capa. Buena parte de la crítica ambiental que se le hacía al sector dejó de aplicar a la segunda moneda más grande.
Llegó el dinero institucional. En enero de 2024 el regulador estadounidense aprobó los primeros fondos cotizados de bitcoin al contado. Es el cambio más profundo desde que se escribió este informe: hoy una ballena ya no es necesariamente un particular anónimo con una cartera enorme, sino un fondo que compra y vende siguiendo mandatos y calendarios. El apartado sobre las ballenas sigue siendo cierto; lo que cambió es quiénes son.
Llegaron también las reglas. El reglamento europeo MiCA se aplica por completo desde el 30 de diciembre de 2024, con exigencias específicas para las stablecoins desde junio de ese año. La idea de un dinero fuera de todo control quedó atrás en la mayor parte del mundo desarrollado: hoy quien opera con criptoactivos en Europa lo hace dentro de un marco, con obligaciones de información y de reserva.
El bitcoin volvió a partir su recompensa. En abril de 2024 ocurrió el cuarto halving, que redujo a la mitad la emisión de bitcoins nuevos. Es un acontecimiento programado que se repite aproximadamente cada cuatro años y que conviene tener en el calendario, porque cambia la oferta.
El país que lo hizo moneda de curso legal recogió velas. El Salvador adoptó el bitcoin como moneda de curso legal en septiembre de 2021; en enero de 2025, en el marco de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, reformó la ley para que aceptarlo dejara de ser obligatorio.
Y la tesis central del informe envejeció bien. Lo que de verdad se consolidó en estos años no fue la especulación, sino el pago: las stablecoins ligadas al dólar se convirtieron en el carril por el que circula el grueso de las transacciones, sobre todo en remesas y en comercio entre países con controles cambiarios. Es exactamente la «transacción en corto» que este informe describía en 2022 como el uso principal del dinero digital, a una escala que entonces no existía. Del otro lado, la burbuja de los NFT se desinfló casi por completo.
Antes de terminar
Este informe es divulgativo. No es asesoría financiera ni una recomendación de compra: los criptoactivos son volátiles, no están cubiertos por los seguros de depósito y es perfectamente posible perder todo lo invertido. La fiscalidad y la legalidad cambian según el país, y cambian rápido. Antes de mover dinero, consulte a un profesional de su jurisdicción.
Publicado originalmente por INTERNACIONALES Radio el 12 de julio de 2022. Revisado y ampliado por ZARZA en agosto de 2026.


