De chico ya era un enano grande, como él se define. Tras el sueño de ser futbolista sacrificó parte de su infancia y saltó etapas hasta viajar solo a entrenar con apenas diez años. Tanto esfuerzo dio sus frutos y pudo demostrar su talento en la primera de Vélez. Salió campeón, estuvo en la Selección juvenil con Messi y era pretendido por clubes europeos, pero todo terminó de repente. Bravo reflexiona a 15 años de tener que dejar el fútbol por un problema cardíaco. "Si no me hubieran detectado ese problema, quizás me pasaba algo trágico", sostiene.